martes, 15 de enero de 2019

EVO MORALES, BOLSONARO Y LA EXTRADICIÓN DE CESARE BATTISTI


El mes de enero de 2019 será recordado como un mes fatal para las relaciones exteriores de Bolivia, cuyo gobierno de izquierda no sabe bien cómo acomodarse al nuevo esquema internacional donde varios líderes de derecha han tomado las riendas de su país, entre ellos Brasil, con mucho, el socio comercial más importante de Bolivia.

El 1 de enero Evo Morales viajó a Brasilia para asistir a la posesión de Jair Bolsonaro como nuevo presidente de Brasil. Este no era un acontecimiento cualquiera: la presencia del presidente Morales se daba en un contexto en que sus aliados más importantes como Nicolás Maduro  de Venezuela; Daniel Ortega de Nicaragua y Miguel Diaz-Canel de Cuba no fueron invitados a pedido del propio Bolsonaro y donde el líder más importante de la izquierda sudamericana, Ignacio Lula da Silva está en la cárcel. Sin embargo Morales hizo todo lo posible para parecer un desentendido: felicitó a Bolsonaro, lo abrazó y le dio la mano y, en un sorpresivo tuit, lo llamó hermano; además, no se animó a solicitar una visita carcelaria a su admirado Lula, ni tuvo grandes declaraciones contrarias a la ideología conservadora de Bolsonaro: su comportamiento se desarrolló según las reglas que el protocolo exigía.

Que un líder como Morales, que permanentemente califica al encarcelamiento de Lula da Silva y al juicio político contra Dilma Roussef como actos de la derecha latinoamericana servil a los dictámenes de Estado Unidos, tenga esa muestra de diplomacia con alguien que está en la antípoda de su posición ideológica es, cuando menos, curioso. Sin embargo, esto se aclara cuando se constata que Brasil es el socio comercial más importante de Bolivia, país al que en 2015 exportó por un valor de 1.600 millones de dólares, de los cuales el 95% es gas, el recurso natural que mantiene a Morales en el poder. Dicho de otra manera, en las manos del nuevo inquilino del palacio de Planalto, está la estabilidad en el flujo de divisas a Bolivia, más aun cuando el contrato de venta de gas de Bolivia a Brasil vence este 2019. Un cambio en los términos de la venta de gas a Brasil puede ser fatal para la economía y, por supuesto para la gobernabilidad de Morales y sus ambiciones reeleccionistas.



Con todo, la clave para entender esta súbita amabilidad de Morales con Bolsonaro, radica en el miedo que tiene la diplomacia boliviana de que el perfil anticomunista y antichavista del nuevo presidente de Brasil,  termine por teñir o contaminar las relaciones entre Bolivia y Brasil. Si bien entre ambos países hay varios temas donde se pueden establecer acuerdos, como el asunto energético, ecológico o las drogas ilícitas, el temor que tiene el gobierno boliviano es que esta agenda se supedite  al objetivo de eliminar o debilitar a un gobierno como el del Morales que, a todas luces, resulta siendo uno de los más importantes respaldos que le queda al archienemigo de Bolsonaro, Nicolás Maduro.

Queda claro que el gobierno de Morales, en este contexto, tiene poco margen de maniobra, no puede dar un giro ideológico hasta el punto de negar su pasado, prueba de que no lo hará es la asistencia del presidente boliviano a la investidura de Maduro y su militante defensa de su legitimidad en el gobierno. Pero si bien no puede alejarse de su ideología,  a cambio puede realizar algunas acciones que ayuden a potenciar el capital político de Bolsonaro quien, pese a su amplio triunfo electoral en segunda vuelta, tiene fuertes desafíos de gobernabilidad y necesita mostrar medidas que aplauda su base política y electoral.  

En efecto,  en la mañana del 13 de enero, fue detenido en la ciudad de Santa Cruz, el ex terrorista Italiano Cesare Battisti. Este individuo que, desde sus 23 años fue militante de la extremista Proletarios Armados por el Comunismo, en 1979 fue acusado de varios asesinatos y condenado por la justicia de su país. Desde ese momento, inició un periplo de permanente fugitivo, pasando por Francia y México siendo, finalmente, amparado por el gobierno de Ignacio Lula da Silva, que le dio  status de refugiado primero y  residente permanente después. Battisti, conocedor de que el cambio de gobierno de Brasil ponía en riesgo su libertad y de que su detención iba a ser un dorado trofeo para Bolsonaro, se trasladó a Bolivia donde, suponía, su libertad estaba asegurada.

Nada de eso pasó, el gobierno Boliviano en una articulación perfecta con las autoridades de Brasil, en cuestión de horas detuvo al súbdito italiano, le negó su solitud de refugiado y lo despacho a Brasil, desde donde lo llevaron a Italia a una cárcel de máxima seguridad. El gobierno socialista del MAS dio un gran regalo a Bolsonaro que, de esta manera, pudo dar muestra fehaciente a sus electores  anticomunistas de que cumple su promesa de desandar el camino de los gobiernos del Partido de los Trabajadores, mandando a la cárcel a uno de sus amigos.

Por contrapartida, este gesto de Morales a Bolsonaro ha generado tensión y turbulencia dentro del propio partido de gobierno. Inmediatamente se alzaron voces críticas y contrarias a esta medida como quizá nunca antes había pasado dentro del MAS. Un exministro de gobierno, un líder de las juventudes del MAS, el hermano del vicepresidente y varios otros señalaron que se habían violado los derechos humanos de Battisti, que lo que correspondía era un juicio previo a la extradición. Uno de ellos indicó que se encontraba avergonzado del MAS, mientras que otros pedían la renuncia del ministro de gobierno Carlos Romero, a la vez que anunciaban un grave costo político para el gobierno.

En ese contexto, queda claro que la estrategia Boliviana para acercarse a Brasil es la de ceder en aquellos aspectos no ideológicos, y si más bien avanzar en gestos y acciones que ayuden a reforzar la popularidad del presidente de Brasil y con ello granjearse su simpatía. Es razonable suponer que Bolivia en este año tratará de tomar más en serio el asunto del narcotráfico y la delincuencia internacional,  asuntos muy importantes para Brasil, donde Bolsonaro puede abonarse triunfos políticos y el gobierno de Bolivia mantener la venta de gas a Brasil.

viernes, 21 de diciembre de 2018

PRIMARIAS


¿Son necesarias las primarias? ¿El país se puede dar el lujo de gastar 26,9 millones de bolivianos solo para ratificar a los binomios propuestos por cada partido? ¿Qué gana la democracia cuando ningún partido ha presentado más de un postulante?  Las respuestas a todas esta preguntas es que las primarias son innecesarias,  por onerosas e inútiles.   


Sin embargo las cosas son un poco más complicadas, en primer lugar porque la mayoría del MAS en el poder legislativo no impulsó la nueva ley de partidos y las primarias para generar proceso de democracia interna en los partidos, sino para apresurar los tiempos políticos e impedir la conformación de alianzas, de liderazgos y de programas en la oposición. El partido de gobierno, así como lo hizo con la Constitución, con la elección de magistrados y con el reglamento de autonomías, no impulsa las leyes para generar institucionalidad sino para tener un instrumento que lo fortalezca en el poder que, ademas, cree perpetuo.   



Esto se puede ver a través de lo que hizo y dijo el MAS en torno a las primarias: en primer lugar si la intención de democratización interna era verdadera, este partido, coherente con sus enunciados, tendría que haber presentado para las primarias por lo menos dos candidaturas y no repetir el añejo binomio que se postula desde al año 2005; por otra parte, si la intención hubiera sido sana, el vicepresidente no hubiera declarado, orgulloso, que las primarias le sirvió al MAS para tener más tiempo en su afán de desgastar la imagen del candidato opositor Carlos Mesa. Por tanto no se trata de un tema meramente económico, ni legal: las primarias, sobra decirlo, son una de las estrategias de poder del MAS.

Aún más. ¿Qué pasaría si al Tribunal Supremo Electoral le diera un ataque de racionalidad y decidiera suspender las primarias? Sencillamente que la habilitación de Morales y García volverían a caer en punto muerto, lo que naturalmente daría aire a la oposición para estructurar nuevamente alianzas y esquema opositores. Esta posibilidad no le conviene al MAS porque espera que el tema del 21 F, que tanto descalabro causa a su deteriorada imagen, se pierda en el torbellino del proceso electoral y, al fin,  pueda colocar en agenda los temas que cree lo conecta con el votante: estabilidad económica y redistribución de ingresos.

El MAS ya no puede volver, sin problemas, a sus antiguos nudos discursivos de profundización y ampliación de la democracia; no después no haber avanzado un ápice en la construcción de institucionalidad alrededor de la nueva Constitución del estado plurinacional; no después de haber convertido los recursos estatales en fuente de corrupción y autobombo; y no después de haber llevado al límite su influencia sobre el poder judicial y electoral.

De esta manera, en enero de 2019, asistiremos al proceso electoral más aburrido de nuestra historia republicana y plurinacional, solo comparables a los que ponían en escena los partidos liberal y conservador en el siglo XIX, en las que pequeños grupos de militantes se disputaban  el voto en unas elecciones en las que nadie creía salvo los caudillos.  

miércoles, 12 de diciembre de 2018

CUARTA POSTULACIÓN


El pasado martes 4 de diciembre el Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha resuelto habilitar la candidatura de Morales y García a una cuarta repostulación. Pese a que existe el antecedente que el 21 de febrero de 2016 una mayoría de bolivianos tomó la decisión de mantener el Art 168 de la constitución que prohíbe la repostulación, el TSE, ha preferido actuar conforme una resolución del Tribunal constitucional que, en noviembre del 2017, avaló a Morales y García para una cuarta gestión gubernamental.

Para llegar a este punto, el gobierno de Evo Morales no solo ha tenido que llevar al límite su capacidad de influencia sobre el poder judicial, sino que ha puesto en crisis uno de los elementos centrales de su discurso como su alusión al pueblo al que se supone Morales oye y obedece. De hecho, en los meses previos al referendo del 21 de febrero de 2016, Morales, seguro de ganar, repetía una y otra vez  que era el pueblo el que mayoritariamente respaldaría su repostulación, desafiando a la oposición a respetar los que decida el pueblo. 



Sin embargo, una vez conocida su derrota en las urnas, Morales y su equipo dieron un giro de 180 grados: optaron por señalar que el pueblo, esa entidad que para Morales tiene las virtudes más excelsas de sabiduría e infalibilidad, había votado engañada por los opositores y por un “cartel de la mentira” compuesta por medios de comunicación.

Bajo esa premisa, Morales se puso a “corregir” el error que había cometido el pueblo y optó por presionar sobre el Tribunal constitucional y, tras un extenso cabildeo, decidió viabilizar la candidatura de Morales y García, con el argumento de que el artículo 168 violaba los derechos humanos de los mandatarios que están en el poder más tiempo que cualquier otro presidente, incluidos los autócratas.

Ahora, ya con la habilitación de su candidatura bajo el brazo, Morales ha retornado, en sus discursos, a la lógica amigo-enemigo, tratando de mostrarse como el genuino representante del pueblo y tildando a opositores de vendidos al imperio, privatizadores, “vendepatrias” y parientes políticos de la pasada elite neoliberal. En otras palabras y fiel a un conocido libreto populista, Evo Morales intenta polarizar el ambiente preelectoral, buscando ser el canal por donde fluya  el desencanto contra los ricos, los blancos y los privilegiados.

Empero, una gran incógnita se abre en torno a la efectividad de la estrategia. Quien emite ese discurso es justamente el presidente que más ha hecho por alejarse de la vida normal de una persona proveniente del mundo popular: Evo Morales ha mandado a construir un nuevo palacio de gobierno bautizado como la Casa de pueblo, ha comprado un avión de lujo y se ha hecho construir casas y museos que son una glorificación de su vida política pasada y presente. Si alguien se parece más a la pasada elite que se suponía erradicada es Evo.

Adicionalmente, la apelación al pueblo ha sufrido menoscabo, puesto que si bien dice gobernar obedeciendolo, en el momento en que ese colectivo da un veredicto contrario a sus intereses, opta por desconocerlo, por anularlo.

En este contexto, para el MAS se ha abierto una fuerte corriente contraria a su gobierno que a pesar de su desorganización demostró que lo puede vencer tanto en las urnas como en las calles. Demostró su poder en las elecciones para las máximas autoridades del poder judicial, en 2011 y 2017 cuando ganaron el voto nulo y blanco que fue la consigna de la oposición; también lo hizo en el referendo del 21 de febrero de 2016 en que la opción No ganó por mayoría absoluta de 51 por ciento de los votos; y finalmente logró vencer en las calles, cuando una movilización masiva realizada en enero de este año, hizo que Morales anulara la Ley de código de procedimiento penal que había promulgado meses antes.

A pesar de esta fortaleza la fuerza opositora ciudadana, este contrapoder que vigila, evalúa y sanciona permanentemente la gestión de gobierno, no ha podido establecer una organización estable y de largo plazo. Da la impresión que la oposición partidaria y de colectivos ciudadanos son islas poco articuladas y diferenciadas en lo ideológico, que se conectan para plantar oposición al gobierno pero en coyunturas muy específicas, una suerte de olas de rebelión que inundan el espacio público, para luego volver a las redes sociales que es donde más y mejor participan en política.

Ante esta carencia se han realizado intentos para establecer una mínima estructura organizativa  opositora pero con poco éxito.  En medio de las acciones colectivas en contra la aprobación del nuevo código penal, en enero de este año, se trató de erigir el Comité Nacional por la defensa de la democracia (CONADE) que tuvo poca trascendencia. Cosa parecida pasó, hace muy poco, con las movilizaciones y paro contra la habilitación de Morales a una nueva postulación, donde las organizaciones territoriales como los comités cívicos intentaron ser el eje de la protesta, empero sin logros relevantes.

En suma, hay indicios de un serio desgaste del MAS en el poder, sobre todo en su capacidad para la circulación de parte de su discurso populista; hay señales que existe una fuerte corriente “anti-MAS”,  junto a un sentimiento de agravio de gruesos sectores de la ciudadanía ante una nueva repostulación de Morales y su evidente manipulación de las instituciones. Todo esto puede ser clave en los resultados de las elecciones de octubre de 2019, sin embargo está en duda la existencia de un partido y liderazgo capaz de canalizar ese descontento.


sábado, 20 de octubre de 2018

LOS DILEMAS DEL TRIBUNAL SUPREMO ELECTORAL


La primera semana de diciembre toda la presión política y social se encausará inevitablemente sobre el Tribunal Supremo Electoral (TSE), porque de la postura que asuma este organismo derivarán otras cuyo decurso es imprevisible. En caso de que TSE fallara en contra de las pretensiones del MAS de volver a postular como candidatos a Evo Morales y Álvaro García Linera, la maquinaria estatal y de movimientos sociales presionará a los miembros del Tribunal, al extremo que se avizora una cascada de renuncias y posterior crisis institucional.



Por su parte, si es que el TSE aprobara la repostulación del binomio Evo-Álvaro, esto derivaría en una fuerte deslegitimación del TSE, al punto que los actores de oposición pueden canalizar su rechazo tanto con el voto nulo en las presidenciales, como hacia el pedido de renuncia de los miembros del TSE.
En ambos casos el resultado será el mismo: un proceso de fuerte erosión de la legitimidad del  TSE y la posibilidad de que la política quede con una institución debilitada para enfrentar un proceso electoral que se adivina lleno de controversias, desafíos y pugnas. Con toda seguridad que los afectados por la decisión del TSE, sean del gobierno o de la oposición, los acusarán de parcialidad, cuando no de estar “vendidos” a uno de los bandos en punga. Se extenderá sobre ellos la mancha de “gestores del fraude” y consiguientemente el ambiente de tensión política llegará al máximo organismo electoral.
Esto pasa porque se ha puesto al TSE como un actor con capacidad de veto (su decisión bloquea o habilita otros procesos) que tiene que tomar decisiones en temas que ya se definieron en otras instancias pero que, al no ser respetados, pueden desembocar en una crisis interna.
La presión desatada sobre el TSE es, en cierta forma, desmedida: se le ha conferido el rol de “defensores de la democracia” cuando en realidad su misión (que no es poca cosa) es la de administrar elecciones con idoneidad y transparencia. No pueden serlo, porque su rol institucional es vital pero limitado, baste señalar que su decisión respecto de la repostulación de Morales va a chocar inevitablemente, con dos esquemas institucionales como ser el referendo y el Tribunal Constitucional, ambas con mayor potestad legal sobre el decurso de la democracia que el TSE.  
Si finalmente el TSE rechaza la repostulación de Morales niega la potestad de un Tribunal constitucional que, se diga lo que se diga, es finalmente un órgano del Estado en plena vigencia; y si el TSE viabiliza la intenciones reeleccionistas de Morales pone en duda la vigencia de uno de los mecanismos constitucionales de democracia directa como el referendo.
A partir de diciembre de este año el TSE entrará en una encrucijada donde la sobrecarga de presiones puede generar crisis. En estas condiciones es previsible que la definición sobre el futuro del TSE y sus componentes recaiga sobre la Asamblea Legislativa Plurinacional donde el MAS, sin duda alguna, hará valer su mayoría. 


lunes, 1 de octubre de 2018

DESPUÉS DE LA HAYA


Como no podía ser de otra manera, un fracaso internacional como el producido en La Haya, tiene que afectar la política en Bolivia. El hecho de que la Corte Internacional de Justicia haya fallado en contra de la demanda boliviana, dejando a nuestro país más debilitado que nunca en su reclamo marítimo, no es cualquier cosa puesto que afecta a la sensibilidad de una nación para la que el mar es un tema vital.
El primer afectado por esta derrota es sin duda Evo Morales, no solo porque es la principal autoridad del país que liderizó todo el proceso, sino porque el mismo se encargó de hacer declaraciones desmesuradas sobre un fallo favorable, anunciando una y otra vez de que Bolivia estaba más cerca del mar que nunca.



Esta derrota no encuentra a Evo en el mejor de sus momentos políticos: con su legitimidad afectada a raíz del desconocimiento de un veredicto popular que le negó la cuarta repostulación; con un gobierno fuertemente dañado en su imagen a raíz de los escándalos en torno a la administración de la justicia; y con una gestión lastrada por la corrupción, ahora tiene que sopesar las innumerables acusaciones y recriminaciones que empezarán a salir una vez que Evo vuelva al país. La apuesta de Evo de ser el líder imprescindible de la aspiración marítima, el eje en torno al cual deberían girar los actores políticos para retornar al mar, se ha venido abajo de un manera tan contundente que marcará el resto de su gestión presidencial.
Por su parte, lo ocurrido en La Haya encuentra a Evo sin posibilidades de poder articular una respuesta en sus propias líneas argumentales. No puede acusar al imperialismo norteamericano de ser responsable del fallo, puesto que fue su gobierno el que por propia voluntad inició la demanda dando toda la potestad y legitimidad a la Corte Internacional de Justicia. En segundo lugar, no puede señalar del fracaso a los enemigos internos, a los que califica de vendepatrias, puesto que todos los actores de oposición han apoyado esta iniciativa, al punto que dos de ellos le acompañaron en su viaje a La Haya y, finalmente, no puede señalar falta de apoyo ni de los medios de comunicación ni menos de la población, puesto que éste fue unánime y militante.
Aparentemente la confianza en un fallo favorable fue tan grande que impidió al gobierno estructurar un “plan B”; es decir un conjunto de medidas y de iniciativas políticas posteriores al veredicto, que permitan asimilar mejor una determinación desfavorable en La Haya. Morales estaba tan convencido de que la determinación de la Corte Internacional cuando menos señalaría la obligatoriedad de Chile a negociar (aunque sin mencionar el asunto de la soberanía), que estructuró un plan solo considerando un escenario positivo y no uno negativo.
Ante esta carencia, el gobierno ya ha adelantado lo que probablemente será su respuesta en los días venideros: afirmar que nada está perdido y de que es posible generar escenarios favorables para el inicio de negociaciones con Chile, lo que sin duda es deseable y posible. El gran desafío para el gobierno radica en convencer a la población de que el MAS es el mejor indicado para hacerlo.

viernes, 7 de septiembre de 2018

LEY DE ORGANIZACIONES POLITICAS ¿NECESIDAD CIUDADANA O INSTRUMENTALIZACIÓN DEL PODER?


Evo contra las cuerdas
El pasado 6 de agosto, día de la independencia de Bolivia, Evo Morales, contra todo pronóstico, redujo el tiempo de su discurso informe a la nación a 33 minutos, cuando estaba planificado para al menos dos horas. La causa era que en el acto, un grupo de opositores más algunos activistas de oposición (que nadie sabía cómo estaban en el evento), empezaron a gritar la consigna de “Bolivia dijo no”, que le recordaba al presidente el resultado del referendo del 21 de febrero de 2016 en que la mayoría de la población rechazó su intención de repostular a la presidencia por cuarta vez consecutiva. Dictamen que Morales, por todos los medios, trataba de desconocer.
Con todo, este éxito de la oposición, no radicaba tanto en haber hecho que Morales no continúe hablando en el acto central de las fiestas patrias, sino en que logró colocar en la agenda pública, la disputa en torno a la validez de los resultados del referendo del 21 de febrero. La persistencia de Morales en su repostulación polarizaba al país, dañaba su legitimidad y popularidad y daba razón, a los voceros de la oposición, de que Bolivia se enrumbaba a una dictadura. En estas condiciones, el gobierno no podía colocar en el debate, otros temas en los cuales estaba fortalecido, entre ellos, el asunto de la estabilidad y crecimiento económico que, aunque modesto, era uno de los mejores de América Latina: el crecimiento del Producto Interno Bruto que proyectaba el  Banco Central de Bolivia para 2018 era de 4,7%, uno de los más altos de la región. El partido de gobierno,  que se había manejado tan bien articulando acciones políticas y discursos en torno los clivajes estado-mercado y étnico, ahora no tenía respuesta ante las acusaciones de autoritarismo de la oposición.
Por su parte, los datos de popularidad del presidente mostraban que este asunto estaba teniendo efectos catastróficos.  Una encuesta de la empresa especializada en estudios de opinión pública IPSOS, indicaba que la aprobación a la gestión presidencial para abril de 2018, había bajado siete puntos en relación al año anterior, para ubicarse en 47%; con el dato adicional, que el respaldo tenía como base las ciudades altiplánicas de El Alto y Oruro (tradicionales bastiones del MAS) que compensaban un decremento en ciudades como Santa Cruz, Trinidad y Cobija donde el descenso de popularidad había sido de 13%. Este panorama se agravaba con datos de ciudades postergadas en su desarrollo, como Potosí y Sucre, donde el rechazo a la gestión presidencial llegaba al 72% y 92% respectivamente (Correo del Sur, 23.08.2018).



La respuesta del gobierno.
Ante esta situación, el oficialismo, en la segunda semana de agosto de este año, retomó la iniciativa política. Haciendo uso de su mayoría de dos tercios en la Asamblea legislativa, sorprendió a todos empezando a tratar la nueva Ley de Organizaciones Políticas (OEP 2018). Este proyecto, de 105 artículos, buscaba normar aspectos como equidad de género, democracia interna en los partidos políticos, financiamiento a los partidos, entre otros.  Sin embargo, el aspecto que más llamó la atención del oficialismo fue el referido a la realización de primarias, puesto que se dispuso su realización para enero de 2018 cuando esta se debía llevar a cabo recién para las elecciones de 2024.  
Uno de los grandes déficits de la democracia boliviana está su acendrado caudillismo, pese a que los partidos políticos son organizaciones claves de la democracia, ellos no son democráticos en lo interno, de tal manera que sus líderes no se someten a un proceso de selección interna de candidatos. Visto de esta manera, la realización de primarias solo se podía ver como positivo.
Sin embargo,  tanto el apresuramiento de la Asamblea legislativa Plurinacional en discutir la Ley de Organizaciones políticas (aprobada en todas sus fases en poco más de dos semanas, cuando  en general este tipo de normas tardan varios meses) en especial el tema de las primarias, lleva a pensar que, en realidad, lo que hace el MAS es instrumentalizar esta norma para favorecerse políticamente puesto que, por un lado, al adelantar la realización de primarias, reduce considerablemente el tiempo de los partidos para establecer alianzas y candidaturas y, por otro, desplaza del centro de la agenda pública el desconocimiento de parte del partido de gobierno de los resultados del referendo del 21 de febrero, que insiste en repostular al presidente Morales para las elecciones de 2019.  Con estos antecedentes, a continuación,  presentamos un análisis de los probables efectos que puede tener esta Ley en la oposición política.


El campo opositor: entre los partidos políticos y el contrapoder ciudadano
En los últimos años el campo opositor está dividido en dos espacios. El primero, el institucional, compuesto por los partidos políticos; y el segundo, informal, integrado por las distintas expresiones del contrapoder ciudadano. 
El campo compuesto por los partidos políticos está presente en todos los espacios institucionales de la política, aunque con distinta fuerza y capacidad. En el poder legislativo, su presencia es irrelevante, ya que el MAS tiene una amplia mayoría de dos tercios.  Esta fuerza opositora aumenta en el nivel subnacional, puesto que tres gobernaciones de nueve posibles están al mando de líderes opositores, entre ellas las de La Paz y Santa Cruz;  a la vez, seis alcaldías de capital de departamento están en manos opositoras, entre ellas, tres de las  de las ciudades más populosas de Bolivia cono Santa Cruz, Cochabamba y El Alto.
El otro espacio político, está constituido por el contrapoder ciudadano, como expresión de la desconfianza de la ciudadanía hacia las instituciones democráticas y sus líderes (Rosanvallon 2006).  Se trata de un conjunto heterogéneo de fuerzas  que, diseminada a lo largo y ancho del cuerpo social, desarrollan poderes de vigilancia, veto y juicio sobre el poder constituido, poniendo permanentemente en cuestión la gestión de gobierno. Este contrapoder que, dicho sea de paso, es un dato de casi todos los regímenes democráticos en el mundo, ha tenido una fuerte influencia en el gobierno de Morales entre 2010 y 2018. En 2010 lograron revertir la subida de los carburantes; en agosto de 2011 su apoyo a la marcha indígena, que se oponía a la construcción de una carretera que dividía el Territorio Indígena Parque Isiboro Sécure (TIPNIS), fue fundamental para que Morales retrocediera en este proyecto; en las elecciones de magistrados del poder judicial en 2011 y 2017, su convocatoria al voto nulo tuvo éxito, puesto que esta opción, en ambos casos, superó el 50% de los votos; en el referendo constitucional de febrero de 2016 la convocatoria a votar por el No fue fundamental para la derrota de la intención reeleccionaria de Evo Morales y García Linera; y, finalmente, en enero de 2017 una movilización liderada por los médicos y apoyada por la ciudadanía hizo que Evo Morales anule la ley del nuevo Código Penal a pesar haber sido promulgada.
El espacio institucional de la oposición como del contrapoder ciudadano son disimiles, puesto que la primera busca que la representación política fluya a través de los partidos, mientras que la segunda, profundiza en la desconfianza sobre los poderes públicos y sus líderes. Esto explica que en el informe de Latinobarómetro de 2017 la confianza en los partidos políticos en Bolivia solo llegue al 15%  (Latinobarómetro 2017).
Sin embargo,  con toda seguridad que ante la cercanía de las elecciones presidenciales de 2019, las plataformas ciudadanas, como intento de expresión del espacio informal de la oposición, del contrapoder, trataron de desplazarse hacia el campo institucional de la política, ya sea conformando un nuevo partido, o bien buscando establecer esquemas de alianza con algunos de los partidos políticos reconocidos por el Tribunal Supremo Electoral. El riesgo posible de una nueva gestión del MAS, junto a una nueva repostulación de Evo Morales y Álvaro García Linera a las elecciones presidenciales, actuó como acicate para dinamizar este proceso.
Pero no es un proceso fácil ni rápido: en el caso de que las plataformas decidan ser un nuevo partido necesitan recursos institucionales y organizativos que, probablemente no tienen y, para lograr alianza con algún partido político, ello está sujeto a una serie de negociaciones muy complejas donde el postulado de unidad con renovación implica una ingeniería política larga y conflictiva que necesita tiempo.
En este contexto, lo que hace a nueva ley de partidos es apresurar los tiempos políticos, y presionar sobre ambos espacios de oposición, mismos que para asumir decisiones necesitan un tiempo de maduración. El proceso de definición de candidaturas que con el pasado cronograma electoral daba como 11 meses de plazo, ahora se lo debe hacer en  cuestión de 60 días como máximo.
Por tanto,  la  nueva ley de partidos lo que hace es provocar un cierre de las posibilidades electorales de una amplia gama de la población, que buscaba renovación y unidad de liderazgo. Como esto es poco probable que suceda, es previsible un repliegue aún más radical de la ciudadanía en el desapego y desconfianza hacia las instituciones democráticas. De esta manera, una ley de organizaciones políticas pensada para fortalecer representatividad política, y la canalización de demandas a través de los partidos políticos, en los hechos, provocará lo contrario: un desapego de las instituciones democráticas y una invitación a la acción directa, a las calles, allí donde se incuba la violencia. 

viernes, 22 de junio de 2018

LA CASA GRANDE DEL PUEBLO Y LA ESTÉTICA DEL ESTADO PLURINACIONAL


Últimamente una tormenta de críticas se ha abatido sobre el nuevo palacio de gobierno (denominado la Casa grande del Pueblo) ubicado en la plaza Murillo de la ciudad de La Paz: engendro, grotesco, feo, desubicado, son solo algunos de los adjetivos que se han proferido en contra de este edificio, reflejando con ello que la batalla política no solo se libra en las calles ni en el Asamblea Legislativa sino en el mundo de la estética. Este es un dato interesante puesto que, por primera vez, las construcciones de Morales son juzgadas desde esa perspectiva; en general ellas han sido criticadas por su carencia de licitación, por su mala ejecución, por su falta de factibilidad o por sus indicios de corrupción, pero nunca por ser feas. Ni siquiera el museo del Presidente ha sido criticado desde la estética, sino porque su erección se hizo en medio de la pobreza del pueblo natal de Morales o porque alimenta el ego de Evo. Por eso, la Casa grande del pueblo, es un interesante tema de reflexión, porque expresa algo poco analizado en torno al proceso de cambio: la politización de la estética.

El tema estético no es un tema banal ni menor; con Pierre Bourdieu sabemos que la estética que el Estado sanciona como legítima es el resultado de una lucha política y de una imposición que corona y expresa la dominación, que aquello que el estado considera válido, reproducible, expresión de lo bello, es el resultado de una forma de ver el mundo que se ha impuesto sobre otras posibles. Como señala de Souza Santos, lo que señala el Estado como bello, bonito, elegante, digno de mostrarse al público se constituyen en únicos criterios de verdad o de cualidad estética ante los cuales las otras estéticas posibles solo son anacrónicas y feas.  (de Souza 2010).
La propia historia de la república de Bolivia es una muestra clara del ocultamiento o negación de una estética indígena. En 1925 un álbum de Centenario no contenía fotos de indígenas sino solo cuando se trataba de mostrar el pasado de Bolivia (Cristelli 2004); en 1909 un álbum de Centenario del primer grito libertario de Sucre, inauguraba luces en la torre Eiffel y el Arco del triunfo  y sus impulsores ratificaban que la independencia de España era política pero no de sangre. En 1952 se había mostrado la música y el folklor boliviano como una muestra de cómo la cultura oficial era capaz de incluir a la estética indígena,  pero negándole toda validez en sí misma.
La estética sancionada por el Estado tiene mucho que ver con la noción de lugar. El estado establece varios espacios físicos donde emplaza edificios, monumentos y lugares de recreación que son mostrados como íconos de la identidad estatal y nacional.  Son lugares donde a la nación, más allá de su contenido imaginario, se la puede ver y tocar, donde uno puede recrear las epopeyas o acontecimientos que la historia oficial ha considerado como memorables. Aunque, en general, son una suerte de reliquias, de objetos del pasado, no por ello no dejan de ser actuales, en tanto ratifican una identidad nacional y por tanto se reactualizan permanentemente. Su carga simbólica acumulada durante décadas es lo que le da esa característica.
Uno de esos lugares es sin duda la Plaza Murillo de la ciudad de La Paz, cuyo nombre evoca la vida pasión y muerte de Pedro Domingo Murillo, un ícono de la nación boliviana en tanto su gesta, y su trágico final permite el nacimiento de la nación boliviana. También es el lugar donde desde 1899 se han dado las luchas políticas definiendo las líneas maestras del Estado boliviano; la Plaza Murillo es el centro político nacional, el espacio desde el cual el Estado se expande hacia los demás territorios, el lugar de inicio de su proceso de dominación territorial. En otras palabras donde lo bello, se ensambla con el poder, con el Estado y la nación.
Por ello, no es casual que Evo Morales haya escogido, precisamente, la plaza Murillo para desplegar su transgresión al poder simbólico del estado republicano erigiendo en este lugar la Casa grande del pueblo. No podía ser de otra manera, ya que lo que se busca es justamente dañar el corazón mismo de la simbología estatal republicana. Se ha construido un edificio de 36 millones de dólares, con 28 pisos, en un área de 1800 metros cuadrados, provocando que el palacio de gobierno conocido como Palacio quemado, -cuya construcción fue inspirada en el neoclasicismo y academicismo francés (Alejo 2018)- quede chico ante su imponente presencia, como en proceso de deterioro y obsolescencia. Cuando Morales construye su propio palacio, lo que hace es transgredir la estética sancionada como válida por el estado republicano, puesto que la desafía  en el lugar con mayor densidad simbólica como es la Plaza Murillo. Por ello, las críticas al edificio han sido dadas en torno a lo estético, porque lo que para muchos el edificio es una suerte de mancha en un libro de historia nacional, la muestra de que el poder masista no guarda respeto por los íconos nacionales.



Estética disfuncional, pero carente de continuidad
Ahora cabe reflexionar si efectivamente el nuevo edificio es el punto de partida de una nueva estética estatal alternativa a la existente, si a partir de la Casa grande del pueblo se construye una nueva narrativa estatal plurinacional. Este tema es central porque a todo lo largo del proceso previo a la llegada de Morales el poder, se ha hablado, desde espacios afines al proceso de cambio, de la necesidad de superar el mestizaje como identidad nacional, de la urgencia de pasar a una lógica que valore lo indígena.
Empero, más allá de estas intenciones creo que el gobierno no ha avanzado sobre la erección de una estética indígena. Más allá de poner en tensión la legitimidad del discurso estético y cultural del Estado republicano, con edificios o con relojes al revés, no hay una nueva estética sino una que se suma inevitablemente a la cultura mestiza (Torrez y Arce 2014). Evo desde el poder ha tratado de cambiar la estética, empero no ha sido capaz de avanzar en la aparición de una alternativa a la del denostado pasado sino que se ha adscrito a la estética mestiza dominante que en muchos casos oculta o minimiza la estética de raíces indígenas que se hacen en las comunidades indígenas o en los sectores migrantes que hacen música chicha.
¿Cuáles son los factores detrás de este fracaso en la descolonización estatal?. En primer lugar para erigir una nueva estética plurinacional hace falta una visión de largo plazo, puesto que tienen que poner en acción dispositivos que para ser efectivos tienen que desplegarse en un tiempo siempre mayor al de una gestión estatal. Morales, pese al gran respaldo que ha tenido siempre ha actuado, paradójicamente, como si su estancia el poder solo fuera a durar 4 años. Con la estética del estado plurinacional pasó lo mismo que con otras áreas del estado como la economía y la política: el gobierno del MAS en vez de desarrollar políticas de industrialización y de diversificación productiva se ha limitado a establecer costosas empresas pero desarticuladas de una visión productiva; a cambio de profundizar en la democracia intercultural se ha limitado al repartir del poder y el dinero entre las organizaciones sindicales afines a su partido y en vez tratar de erigir una nueva estética basada en lo indígena, se ha limitado a construir palacios de gobierno sin que ella este enmarcada en una política de largo plazo.