domingo, 19 de junio de 2016

ANTIEVISMO

Decir oposición en Bolivia no es referirse a un partido político o a un líder en específico sino a un conjunto de personas de distinta tendencia política, de distinto origen social, económico y generacional, a los que los une la posibilidad de que Evo no se vuelva a repostular.  Nadie, que sea serio, puede decir que el triunfo del NO se debió a la labor de un partido o líder, el No triunfó porque se activó un rasgo de la cultura política del ciudadano que señala que la perpetuación de una persona en un cargo va contra las reglas de la democracia como sea que ella se considere, no importa si la persona que optó por el No cree más en una democracia participativa o en una representativa, en una liberal o en una comunal. Para ambos la repostulación de Evo y Álvaro estaba mal y punto. ¿No es verdad, acaso, que en Bolivia durante toda su historia se ha condenado el caudillismo y que, una de las razones para la debacle del sistema de partidos que gobernó el país entre 1985 y 2002 era que ellos no se renovaban, que sus líderes eran siempre los mismos?

En ese sentido, el voto contra la repostulación no es, necesariamente, un voto contra Evo o contra el MAS, es una tendencia que, sobre todo, busca el respeto por las reglas de la alternancia democrática. Solo así se explica la aparente paradoja de que Evo haya sido derrotado en el referendo teniendo, a la vez, índices de popularidad que harían palidecer de envidia a sus pares sudamericanos como Dilma Rousseff, Ollanta Humala o Michelle Bachelet. Si bien la gente podía tener varios cuestionamientos a la gestión del MAS, en general, estaba más o menos contenta con su gestión de gobierno. Esto pasaba sobre todo en los espacios urbanos y de clase media que fueron, según el último informe del PNUD, los que más rápidamente mejoraron en estos diez años de Evo en el poder.

Sin embargo,  el MAS con fe de suicida, en vez de reconducir su política para reproducir el poder en 2019 sin Evo como presidente; en vez de moderar su discurso y dar señales claras de que ha escuchado a la población y camina hacia la construcción de instituciones y recambio político hace, en realidad, todo lo contrario: encarcela abusivamente a personas y abogados, amedrenta a periodistas, acusa a los medios de comunicación y da señales de querer abrir la Constitución para introducir, de contrabando, el tema de la repostulación de Morales y García.

Ante la radicalización del gobierno el efecto previsible es que los que votaron por el No también se radicalicen y se haga antievistas, no admitan matices en su crítica al gobierno sino que, en conjunto, rechacen a Evo y apoyen a cualquier corriente que represente o exprese este antievismo. La clave de esta postura es que la gente no vota a favor de alguien sino en contra de alguien, aparece un esquema de divisiones políticas que no tienen que ver con la clase, la etnia, la tendencia política ni con el programa de gobierno sino con la persona y lo que representa. Las identidades básicas se diluyen para dar paso a una tendencia bastante heterogénea pero efectiva políticamente.



Esto es algo que ya se viene dando, con sus matices, en otros países. Como lo hace notar Simón Pachano, profesor de Flacso, el  triunfo de Pedro Pablo Kuczynski en la segunda vuelta presidencial en Perú se debe no tanto a que la gente haya votado a favor de este candidato sino que lo hizo en contra de Keiko o más específicamente en contra del fujimorismo que representaba abuso de poder y corrupción. Esta tendencia que, en rigor no apoya ninguna tendencia política tiene un gran potencial político y electoral, porque puede unir a las corrientes políticas más diversas y disímiles, tal como pasó, aunque de manera incipiente, en el referendo del 21 F en nuestro país.

La cristalización del antievismo dañará severamente al proyecto de poder del MAS aunque, paradójicamente, es el mismo  MAS el que se encarga de promover. 

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