miércoles, 26 de noviembre de 2025

Bolivia: legitimidad ambigua y gobierno partido

 En menos de quince días de su posesión, el nuevo gobierno del presidente Rodrigo Paz ya enfrenta problemas de gobernanza. Recientemente, tuvo que despedir a su ministro de Justicia, Freddy Vidovid, y, tras anunciar se reemplazo por Jorge García, horas después se optó por clausurar el Ministerio de Justicia. 

El origen de este incordio reside en el distanciamiento entre Edman Lara y Rodrigo Paz, (el binomio exitoso que logró derrotar a los partidos tradicionales dirigidos por líderes considerados anacrónicos). Paradójicamente, desde que se confirmó su pase a la segunda vuelta, la brecha entre ellos no ha hecho más que aumentar. Lara manifestó desde un principio que su principal labor sería controlar la corrupción y los malos manejos del erario público, incluyendo aquellos que pudieran ocurrir en la gestión del propio presidente Paz. Acompañó esto lanzando una serie de promesas que, por su carácter desmesurado, Paz solo atinaba a respaldar, pero minimizándolas al afirmar que se lograrían, pero únicamente en el largo plazo. De todos modos, esta tensión pasó desapercibida en medio de la guerra sucia desatada entre los candidatos habilitados para el balotaje (Paz y Quiroga). El verdadero conflicto se desató una vez que Paz y Lara, ya posesionados, se reunieron para definir la composición del nuevo Gabinete.



La ciencia política establece denomina legitimidad de origen, a aquella que proviene de las urnas. Sin embargo, la magnitud del respaldo también es crucial. Un presidente que llega al poder con una votación alta, por encima del 55%, gozará de una legitimidad más robusta que aquel que gana con un 33% o incluso un 22%. 

Sin embargo en Bolivia esta legitimidad se vuelve ambigua cuando no está claro si fue el presidente Paz o el vicepresidente Lara quien aportó la mayor cantidad de votos a la candidatura partidaria. El binomio Paz-Lara es un binomio armado, no orgánicamente partidario, el Partido Demócrata Cristiano no es un partido consolidado y Lara lidera su propio partido llamado "Ideas con Libertad". Es decir que, en realidad, Paz y Lara cuando resolvieron ir juntos a las elecciones, no se pusieron de acuerdo en un programa de gobierno, sino en la necesidad de apoyarse mutuamente para lograr el éxito de la candidatura. 

Para varios analistas y políticos, fue Lara quien logró traccionar y movilizar el voto popular, especialmente el voto "masista" y Paz el voto citadino y de clase media. Si bien el porcentaje obtenido por el PDC en primera vuelta (32,06%) mostraba una legitimidad inicial baja, un poco reforzada por el triunfo del 54,96% en la segunda vuelta, el problema radicaba en saber a quién correspondían esos votos y, por ende, el poder. La lógica política, en este caso, se asemeja a una ecuación matemática: si cada uno aportó con el 50% de los votos, lo lógico era que cada uno recibiera el 50% del gabinete ministerial de Paz.

Este acuerdo implícito no se dio. En realidad, no sucedió nada de lo esperado. El Gabinete incluyó a personas que habían sido cercanas a alguien que no figuraban como aliado orgánico en la candidatura del PDC. Otras carteras fueron llenadas con militantes de CC (Comunidad Ciudadana) que tampoco formaban parte del círculo que había luchado junto a Quiroga. Finalmente, se designó como viceministro de Coordinación Parlamentaria a un militante del partido de Samuel Doria Medina, quien, además, cumplía funciones delegadas del vicepresidente Lara, suplantando su rol. Pero la gota que rebasó los límites de contención de Lara fue que el Ministerio de Justicia, la cuota de poder que se le había asignado, fuera desmantelado por iniciativa del ministro de Gobierno. Ante este revés político y la clara no inclusión de Lara en la ecuación del poder, el vicepresidente arremetió con dureza a través de sus redes sociales. Denunció que los ministros de Paz están implicados en procesos judiciales, además de calificar al presidente de "incapaz y mentiroso". 

Entretanto, aún se esperan las medidas necesarias para paliar la crisis económica y transformar el Estado que Rodrigo Paz llama "tranca". Es imperativo llevar a cabo una profunda reingeniería estatal que cambie las reglas del juego para la llegada de capitales extranjeros y abra oportunidades de empleo. Además, es crucial asumir medidas de corte económico impopulares, como el alza en los precios de los carburantes y la equiparación del precio del dólar oficial con el paralelo. Este tipo de medidas requieren, ciertamente, de un gobierno cohesionado en el discurso y las acciones, algo que, por ahora, parece muy lejano.


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