miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA SOBERANÍA

Es muy común pensar que la única forma de referirnos a la soberanía del estado es en relación a la categoría pueblo. Sin embargo esto no es así en otros países. Al respecto Theda Skopol señala:
"los europeos continentales piensan que la “soberanía” reside en las instituciones administrativas centralizadas, los británicos se centran en los partidos políticos, en el parlamento y los ciudadanos estadounidenses se niegan a calificar de soberano a ningún órgano concreto, atribuyendo la soberanía al Derecho y a la Constitución".
En Bolivia nuestra cultura política nos impide pensar que la soberanía o parte de ella reside en las instituciones políticas, por eso esperamos muy poco de ellas, las miramos con desconfianza sino animadversión. Preferimos pensar que la soberanía reside en nosotros, en el pueblo, en ese colectivo que cada cierto tiempo va a votar o que lucha en las calles. Pero como el pueblo no puede estar en todos los momentos haciendo uso de su soberanía, necesita de un líder que le señale el rumbo, un caudillo que interprete las verdaderas necesidades del pueblo.
Que en Bolivia de vez en cuando aparezcan líderes que quieran estar en el poder indefinidamente, no solo tiene que ver con la política, sino también con la forma como imaginamos el estado y sus instituciones.

lunes, 16 de noviembre de 2015

REFERENDO PARA LA REPOSTULACIÓN PRESIDENCIAL. ¿NACE UNA NUEVA OPOSICIÓN EN BOLIVIA?

En torno al No a un cambio en la constitución que permita una nueva repostulación presidencial se van configurando las características de la nueva oposición en Bolivia. En primer lugar se trata de una oposición que no discute los elementos básicos de la corriente masista, como es la nacionalización de los hidrocarburos, la política de  bonos, la inclusión social. Lo que pone en cuestión, que no es poco, es la deriva populista del proceso de cambio que ha convertido a Evo Morales en el eje en torno al cual giran todas las decisiones gubernamentales.


Gran parte de esta oposición ha hecho sus primeras armas junto al llamado proceso de cambio y se ha alejado del MAS por divergencias con la cúpula masista, a la cual acusa de haber creado un círculo cerrado en torno al poder gubernamental. Se podría decir que ellos son los desencantados de Morales pero no del proceso de cambio. En ese sentido, ellos critican que el MAS se haya convertido en una maquinaria para reproducir el poder, pero no un instrumento para profundizar la democratización del estado.

Amalia Pando, Eduardo Maldonado, Cecilia Chacón o Damian Condori, que ya han dicho que harán campaña por el No, son personas a las cuales no se les puede acusar de estar en la línea contraria al proceso de cambio sino a la forma de gobernar del MAS. Han criticado la amenaza estatal sobre los medios de comunicación,  los acuerdos cupulares para la designación de candidatos, el no respeto por la madre tierra y la forma violenta de la resolución de conflictos. Es más, son líderes que han salido de las canteras del MAS y que apoyaron las medidas de la primera gestión de Morales (2006-2008), por tanto de ellos no se puede sospechar de derechismo o de oposición al actual modelo de estado.

Si dejamos de lado que la otra oposición, la Samuel y Tuto no participará de forma directa (ellos calladitos esperarán a ver qué pasa) podemos decir que lo que se juega en febrero es un estilo de gobierno y no un modelo de estado. Lo que medirán las urnas el 21 de febrero de 2016 será el cansancio con un estilo de gobernar que tiene como rasgos la concentración del poder, el cierre de la libertad de expresión, la no alternancia en el poder. Aspectos que tienen como símbolo el referendo para permitir un cuarto mandato del binomio Morales – García.

Aunque todas las comparaciones son odiosas, en ciencia política no lo son, por eso vale la pena ver lo que ocurre más allá de nuestras fronteras. En Argentina, por ejemplo, el debate se ha centrado en un cambio en la forma de gobernar. Los spots del candidato opositor Mauricio Macri ponen énfasis en un cambio en un estilo de gobierno que ha hecho del ataque al adversario y de la concentración del poder sus rasgos más relevantes. Lo que propone Macri es salir de este esquema para ingresar a otro donde la ciudadanía se reencuentre, se mire sin odios y lejos de la polarización política (en muchos casos creada artificialmente por Cristina Krichner). Por su parte, el oficialista Daniel Scioli, en la última parte de su campaña, ha tratado de mostrar que si él no es elegido como presidente lo que viene es una supresión de los beneficios sociales conseguidos durante los años de gobierno del matrimonio Krichner-Fernandez. El mensaje es claro, sin el krichnerismo en el poder, no hay futuro posible para la Argentina.


En Bolivia las campañas irán por un rumbo parecido. El MAS tratará de mostrar el voto por el Si como un voto por el modelo de estado, (poniendo énfasis en que este no puede continuar si no es bajo el liderazgo de Morales y García ) y de que votar por el No es votar por el retorno al estado neoliberal y a su sistema de partidos. En suma, el MAS tratará de llevar el debate hacia la gestión de gobierno, aunque eso no sea el tema central, puesto que en el referendo no se juega ningún espacio de poder.

Por su parte, los partidarios de la opción del No tratarán de mostrar que lo que se juega no es tanto el modelo del estado, sino de una forma de gobernar que coarta la libertad de expresión, que elimina el equilibrio de poderes y que concentra la decisión en una sola persona.  


En esas condiciones, todo dependerá de cómo maneje su discurso la opción por el No para convencer de que hay vida para el estado plurinacional, más allá de Morales, discurso absolutamente contrario al del MAS que tratará de convencer de que si no mantenemos en el poder al binomio Morales – García, Bolivia, sencillamente, carece de futuro. 

lunes, 9 de noviembre de 2015

¿DEMOCRACIA DEL MIEDO?

Al parecer en América Latina vivimos un particular momento en la política, donde los gobernantes hacen esfuerzos por tratar de concentrar el poder mientras que la sociedad se empeña en abrirlo. Una etapa en que los líderes políticos buscan que las fidelidades partidarias sean monolíticas y de largo plazo cuando la gente tiene lealtades difusas y cambiantes que se expresan en votaciones distintas según cada espacio de poder, nacional o local; un estado que busca controlar, homogeneizar y sancionar a una  sociedad cuya característica, en cambio, parece ser la heterogeneidad, la liquidez como diría Bauman. ¿No es acaso una expresión de esto el esfuerzo del estado  por controlar los medios de comunicación cuando la sociedad, a través de las redes de internet, no solo que recibe información sino que la comenta y genera?


Ante esto el recurso del poder es apelar a que la masa actúe guiada por sus temores, por su incertidumbre. La fórmula es simple: se muestran las prestaciones sociales para la salud o la educación como creaciones del gobierno en el poder y luego se afirma que todo eso se perderá si gana el candidato de la oposición. Lo preocupante  de estas estrategias es su efectividad, así ganó la segunda vuelta para las elecciones presidenciales Dilma Roussef contra Aécio Neves en Brasil y es la apuesta de Cristina Kirchner para anular a Mauricio Macri  y volcar los votos a favor de Daniel Scioli en la segunda vuelta para las elecciones presidenciales en Argentina.

Es cierto, una de las características de la sociedad actual es la incertidumbre, pero ello entre sus causas está la ausencia de instituciones capaces de dotar al ciudadano de certeza en la igualdad de las reglas y  en la expectativa de un estado capaz de hacer cumplir las mismas. El miedo al futuro nace cuando desde el estado se construye un discurso que defiende que todo lo logrado como bienestar social no es producto del movimiento de la sociedad sino el resultado de las acciones de un líder o lidereza, mismos que, en su magnanimidad, deciden conducir a la sociedad hacia mejores días. Así el futuro solo puede ser posible si esos gobernantes permanecen en el poder.

Lo curioso es que este panorama se presenta en regímenes que tienen como discurso el fortalecimiento del estado y de sus instituciones y que, en realidad lo que hacen es concentrar el poder; se presenta en gobiernos que construyen un gobierno cada vez más vigilante y punitivo pero que no edifican un estado que garantice la justicia; aparece con un estado paternalista que decide, desde arriba, lo que quiere la gente pero que es sorda a sus demandas.

Esta apelación al miedo como estrategia política se presenta en gobiernos que han perdido capacidad de dar visiones de futuro que sean producto de la coherencia entre sus postulados y sus actos; en gobiernos que dicen luchar por naturaleza y a la vez buscan construir carreteras o explotar petróleo en parques ecológicos; que postulan combatir por la justicia social y promueven nuevas oligarquías, en fin, en regímenes que toman como bandera la lucha contra la corrupción y no encarcelan a los que la promueven.  Empero la situación política en Brasil y Argentina donde los movimientos ciudadanos protestan contra estos regímenes nos muestran que, en realidad, quien le teme al futuro es el poder y no la sociedad. 

jueves, 29 de octubre de 2015

Evo, Fidel y Coco Chanel

Al presidente Morales nos acostumbramos a verlo visitando lugares alejados de Bolivia, llegando a comunidades campesinas a entregar obras y jugar fútbol. Todos los días Evo acompañado de los camarógrafos de TVB llegaba a una población e iniciaba su rutina: entrega de obra, denostación del adversario político y fútbol. Por ello, nos pareció sorpresivo verlo nada menos que en Nueva York, en la meca del capitalismo mundial poniendo a Bolivia en vitrina, invitando, entusiasta, a que los capitalistas se animen a invertir en Bolivia.

Las razones para este cambio de destino en la andadura presidencial no son otras que la escasez de dólares en las arcas estatales. La necesidad tiene cara de hereje repiten los más experimentados y tienen razón: Bolivia necesita del ingreso de divisas de fuentes alternativas a las de los hidrocaburos y minerales.
No obstante, Morales no es original, sus pares de Cuba, los hermanos Castro, hace rato que ya tomaron ese camino, ellos también hacen esfuerzos porque los burgueses tornen sus individualistas y egoístas ojos hacia cuba y se animen a arriesgar sus capitales. Hasta el momento los Castro ya cosecharon algunos éxitos, lograron atraer a la casa de moda francesa Coco Chanel que en mayo de 2016 realizará un desfile de modas en La Habana. Sus modelos mostrarán ropas que no estarán al alcance del habitante medio de cuba, (con 30 dólares mensuales no alcanza ni para medio vestido) pero si para el turista que puede pagarlo.
Quien no parece haber entendido por donde van las cosas con el imperio parece ser Nicolás Maduro, el imitador de Chavez. Continúa con su lógica de acusar de todos los desastres al capitalismo y de enjuiciar y encarcelar a sus contendientes.
La interrogante es que, con todo, quizá Morales llega tarde, acude a los capitalistas extranjeros cuando la economía boliviana muestra cifras descendentes. Si tomamos en cuenta que el petróleo y la minería son los productos estrellas de Bolivia, es poco probable que los inversores se animen a invertir en este rubro cuando, justamente, los precios no invitan a la esperanza de grandes ganancias. Entonces donde invertirán? en la soya?, en los textiles?, en una fábrica de zapatos, no lo creo. En estos rubros lamentablemente Bolivia tiene pocas ventajas competitivas, y no por falta de personas dispuestas a trabajar, sino porque sencillamente estos sectores no fueron prioridades en la larga gestión de Morales. Por ello, si los capitalistas tornan su torva mirada hacia Bolivia será en los dos rubros antes mencionados y con ello habremos puesto santo y seña a nuestro destino de ser un país extractivista y poco diversificado. Alguien debería recordarle a Morales que entre 1995 y 2011 ingresó más de dos mil millones de dólares de inversión extranjera a las minas potosinas sin que la realidad económica de este departamento haya cambiado gran cosa.

domingo, 18 de octubre de 2015

Repostulación presidencial: ¿necesaria para el pueblo o útil para quien habla en su nombre?


Uno de los argumentos más utilizados por la militancia del MAS para justificar la elección indefinida de Morales es que ella será sometida a consulta del pueblo.  El argumento es incontrovertible, porque todos estamos de acuerdo en que la base de la democracia es el pueblo donde recae, al final, la soberanía del estado, esto es su capacidad de decidir libremente.

Sin embargo,  los problemas surgen cuando tratamos de saber lo que es pueblo. Por ejemplo, para los nacionalistas pueblo es el sujeto portador de una terminada identidad, es el conjunto de personas que llevan las características más claras del ser nacional, como las costumbres, la lengua y la historia. Para otros, el pueblo son los pobres, los desheredados, los subalternos, el grupo de individuos que necesita apoyo o que son víctimas de algún rico, de algún oligarca.

Estas definiciones no están exentas de ambigüedades ya que eso implica saber quiénes son los pobres, desheredados y explotados por los ricos. Pongamos un ejemplo: para el MAS el pueblo son los movimientos sociales, aquellos grupos corporativos que apoyan el proceso de cambio y que creen que Morales debe estar indefinidamente en el poder; en cambio, los habitantes del departamento de Potosí, los que hicieron la huelga de los 27 días, no son el pueblo como tampoco los son los indígenas de las tierras bajas, aquello que caminaron en defensa del TIPNIS.  Ambos sectores pueden tener los mismos rasgos de pobreza y de exclusión, sin embargo no por eso son conceptualizados como pueblo, para que ese término alcance dimensión objetiva y material hace falta que alguien lo haga. Esto ocurre porque la definición de quiénes son el pueblo está ligado de manera indisoluble a la lucha por el poder, ya lo decía Francois Furet en su libro Pensar la revolución francesa: “Puesto que el pueblo es el único que tiene el derecho de gobernar o que debe al menos, en caso de no poder hacerlo, volver a instituir permanentemente la autoridad pública, el poder está en manos de aquellos que hablan en su nombre”.

Para evitar estas complicaciones, es decir para que cada quien no tenga su propia certeza de lo que es el pueblo, se ha inventado las urnas, el voto, donde la idea llamada pueblo, se expresa y alcanza materialidad. En este caso, ya no es una persona o un líder mesiánico el que define lo que quiere el pueblo sino son las urnas, lo que suena más democrático. Sin embargo, ahí surge el dilema de todas las democracias representativas. ¿Cuándo y por qué se debe consultar al pueblo?,  para responder, partamos de que no se puede consultar de todo y para todo al pueblo, por un tema obvio de oportunidad y de recursos. Un estado no se puede dar el lujo de convocar a la ciudadanía a votar a cada momento, se tiene que priorizar los temas por los cuales se hace necesario convocar a la ciudadanía a las urnas.

¿Cómo llegamos a saber qué temas son prioritarios de ser consultados? Siguiendo la experiencia boliviana se puede decir que los bolivianos fuimos a las urnas para tres casos: a) definir o relegitimar la titularía del poder; b) para aprobar un nuevo ordenamiento jurídico ya sea constitucional o autonómico; y c) para aclarar algo que no está escrito en la Constitución o que no esté claro, como la consulta por el gas.

Soy de la opinión que el referendo por la reelección, a la cual iremos en febrero del año próximo, no se adecua a ninguno de estos casos: por una parte no se trata de un vacío constitucional, ya que la Constitución establece el tiempo y el número de veces que debe reelegirse al presidente y vicepresidente; no pasamos por un momento en que el poder esté vacante o que esté deslegitimado (el MAS y sus voceros permanentemente nos dicen que su popularidad siempre está en alzada) y, por último, no se trata de una consulta que complemente o aclare algo que no esté explícito en el ordenamiento jurídico del país.  

En suma, el argumento de que es el pueblo el que será consultado en febrero no define el debate en torno a la reelección. Hace falta saber si esta consulta es necesaria para el pueblo o solo útil para quien habla en su nombre.

lunes, 5 de octubre de 2015

Carlos Mesa y el dilema de defender la nación y no el Estado




Desde el pasado martes 29 de septiembre el expresidente Carlos Mesa solo recibe elogios por su actuación en una entrevista en Televisión Nacional de Chile. No es para menos, en la misma vapuleó con datos y capacidad analítica a su entrevistador que, por más esfuerzos que hizo, no pudo encontrar la vía para debilitar los argumentos de Mesa. Eso era previsible, Mesa es un ducho comunicador fogueado en el debate de ideas y lo demostró en la entrevista.
Más allá de las dotes de comunicador y de historiador que todos reconocemos en Mesa, pienso que su popularidad se debe a que se mueve en un espacio discursivo y simbólico que automáticamente genera adhesión popular, por el simple hecho de que la reivindicación marítima es un asunto que nos identifica como nación boliviana.
Cuando Mesa aparece en la televisión defendiendo a Bolivia, echando en cara a los chilenos la verdad histórica sobre la usurpación marítima, eso nos interpela porque lo que dice Mesa no es solo su verdad sino nuestra verdad histórica, la de todos los bolivianos. Una verdad que comparte el rico y el pobre; el sabio y el ignorante, el camba y el colla, el masista y el opositor.
Aunque parezca raro, ese mismo sentimiento nace cuando juega la selección boliviana o, cuando el motociclista W. Nosiglia, al culminar el Dakar, exclama viva Bolivia. La causas pueden ser distintas y los motivos también, la clave está en que tanto Mesa, como el grupo de futbolistas y Nosiglia hablan, a su manera, en nombre de la comunidad política imaginada llamada Bolivia, en ese espacio donde todos nos reconocemos como iguales, de ahí su popularidad.
El problema aparece cuando Mesa sale de este cómodo ámbito de la nación, deja de hablar del mar cautivo y empieza a referirse a la política boliviana, esa que tanto nos preocupa y afecta al común de los mortales. Ahí los aplausos ya no son tan unánimes, su postura contraria a la rereelección de Morales lo confirma: el presidente del senado molesto puso a Mesa en las filas de la oposición (esa de Tuto y Samuel) y la siempre locuaz Ministra de Comunicación, utilizó un silogismo para desacreditar la postura de Mesa: todos los que están en contra de la reelección de Evo están contra la patria, Mesa lo está, ergo Mesa es un antipatriota.
Naturalmente que también los dilemas son para Carlos Mesa, son dilemas de una naturaleza ética. ¿hasta qué punto se puede estar con un gobierno que se salta la Constitución y modifica la misma a su antojo?, ¿hasta qué punto la defensa de la nación y del mar justifica estar con un gobierno que hace aquello hiere las convicciones políticas en las que uno cree?.¿Se puede defender solo la nación y no criticar abiertamente al estado?

miércoles, 30 de septiembre de 2015

ENSEÑANZA DEL PASADO REFERENDO: LAS AUTONOMÍAS TIENEN QUIEN LAS ESCRIBA, PERO NO QUIEN LAS DEFIENDA


Franz Flores Castro

Ciertamente que los análisis sobre los resultados en el pasado referéndum autonómico, donde ganó el No, se parece a una discusión entre adivinos. Muchos analistas tratan de vislumbrar lo que ocurrirá en el referéndum sobre la reelección de Morales del próximo año, a partir de lo ocurrido el pasado 20 de octubre. Estas posturas, equivocadamente, comparan dos eventos de naturaleza distinta y olvidan que el elector contemporáneo vota como ciudadano y no como militante. Más allá de estas interpretaciones propongo mirar los resultados a partir de dos ejes analíticos: la política territorial y el rol de las elites.

Uno de los elementos básicos de todo proceso descentralizador o autonómico es que apunta a un cambio en la distribución territorial del poder. La idea es que el poder estatal no está igualmente distribuido en todas las regiones, que unas tienen mayor capacidad política que otras y de que la autonomía es una vía para cambiar esta situación a favor del nivel subnacional. La autonomía plantea una contradicción entre el poder ejecutivo que trata de concentrar todos los hilos del poder y unas regiones que buscan disminuir este poder potenciando el de su propia región. Con la autonomía diríamos que se juega lo que en términos convencionales conocemos como el “peso político” del departamento.

Lógicamente que este es un proceso muy complicado porque el centro rara vez quiere ver disminuido su poder territorial. De hecho, cada vez que se ha planteado procesos de descentralización, el centro siempre ha tratado de evitar esta propuesta, en general, blandiendo el argumento que ello atenta contra la unidad de la nación, que la divide, que la separa. Eso es lo que argumentaron los liberales en la convención de 1901, el MNR en la convención constituyente de 1938 y el MAS en 2008.
Por otra parte, para que exista una necesidad de restarle al estado central su poder se necesita que un grupo de personas vean en el centralismo un obstáculo a la expansión de sus intereses, ya sean económicos y/o políticos;  en otras palabras, una elite para la cual es insoportable y atentatorio a su estabilidad como clase que otros decidan por ellos, que otros actores, en el centro estatal, tomen las decisiones que les incumben. En apoyo a este argumento se pueden citar los casos históricos de Guayaquil en Ecuador o Santa Cruz en Bolivia, dos regiones que cuando vieron que sus intereses económicos estuvieron en riesgo por el giro político a la izquierda que se daban en el centro, (Correa en Ecuador, Morales en Bolivia) postularon la autonomía como una vía para resguardar sus intereses.

Esto es lo que en mi criterio explicaría el masivo No a los estatutos autonómicos en los departamentos de Potosí y Chuquisaca. En estas regiones no se habrían incubado unas elites poderosas a las que les interese un cambio en la distribución territorial del poder, un grupo de actores que puedan construir una serie de consensos con la sociedad civil a partir de su propio proyecto de región  (que en el fondo es su proyecto de clase). Son elites inútiles que viven al amparo de sus alianzas con los actores del estado central. En Potosí claramente los cooperativistas, (actualmente una elite económica), tiene asegurados sus intereses en base a las alianzas políticas con el MAS. En Chuquisaca, al no haber una elite económica, la nueva elite política ratifica su alianza con el centro para asegurar su  poder.

Por tanto, no hubo mayor entusiasmo por las autonomías en las regiones consultadas porque no existen actores que quieran apuntalar un proceso autonómico. Los grupos de poder a lo sumo trataron de que el estatuto autonómico no vulnere sus intereses. La gran lección de este proceso es que las autonomía no solo necesitan quien las escriba sino quien las defienda.