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lunes, 5 de septiembre de 2016

LOS ANDES NO CREEN EN DIOS NI EN EL ESTADO

Una de las mayores incógnitas en estos días debe ser las razones del trabajo minero en las cooperativas. ¿Por qué, pese a la dureza del trabajo en la mina, a lo mal remunerado, los mineros continúan horadando la montaña? ¿Cuál es la causa de que, pese a la evidencia de explotación laboral y recorte de derechos laborales, recién ahora exista un atisbo de sindicalización en las minas?  ¿Por qué, a pesar de que el trabajo en la mina reduce la vida de las personas, continúa atrayendo una gran cantidad de mano de obra?
Una de las respuestas, la más común, es que en las cooperativas existe un grupo de explotadores que se aprovechan del trabajo ajeno, que medran de la necesidad de empleo de gente pobre, (la mayoría de origen rural) y lo usan en su provecho para enriquecerse.  Sin embargo, este asunto puede ser más complejo de lo que a primera vista parece.

En el interesante libro titulado Los ministros del diablo de la antropóloga Pascale Absi se cuenta la historia de Fortunato, un minero cooperativista que, en su juventud, llegó a ser uno de los mineros más acaudalados del cerro rico de Potosí pero que con el pasar del tiempo perdió/dilapidó toda su riqueza tanto que ahora se lo puede ver trabajando como curandero adivino.   Lo que interesa saber es ¿Cómo llegó a tener tal riqueza? Trabajando como minero está claro, pero ayudado por un gran golpe de suerte que le hace descubrir un rico filón de estaño que le cambia la vida por completo, tanto así que era uno de los padrinos más codiciados de promociones de bachillerato, de matrimonio, de bautizo y, según señala en su libro Absi “como no sabía qué hacer con su dinero, decidió, empapelar con billetes las paredes de sus casas”.
La clave aquí es que la riqueza de Fortunato no hubiera sido posible como trabajador de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL), ni como asalariado de una minera privada. En ambos casos igual hubiera recibido su salario y quizás una felicitación de gerencia, nada más. En ese sentido, solo dentro de un esquema cooperativista, el minero puede pensar en hacerse rico, ya que permite la constitución de un minero  “libre”, es decir dueño de un paraje minero, de una bocamina que explota bajo su cuenta y riesgo. En otras palabras, lo que mueve a seguir trabajando al cooperativista es que no lo hace para un tercero sino para si mismo, y lo hace en una labor donde existe la  gran probabilidad de que de que aparezca un grueso filón que lo haga rico. Es cierto que los cooperativistas contratan mano de obra, los llamados “segundas manos”, pero es probable que en ellos también se encuentre la expectativa de ser socios cooperativistas y así soñar con ser ricos algún día. Para ellos, en cierta medida, ser solo trabajadores asalariados es frenar sus posibilidades de ser Fortunatos en algún momento, dejar de lado el objetivo de trabajar su propio paraje minero y de tener la posibilidad de descubrir una veta prodigiosa.
Por supuesto que esta expectativa, esta esperanza, no puede funcionar si a la vez no se considera a la mina, a la montaña (Absi sitúa su trabajo en la mina del cerro rico de Potosí) una entidad viva, una suerte de deidad que se encarga tanto de proveer riqueza como de quitarla. No puede darse sin tomar en cuenta el pacto que el minero entabla con el diablo que, en esta concepción, es el dueño de las vetas, y a quien los mineros hacen ofrendas como “unas hojas de coca, cigarrillos y alcohol, ocasionalmente un feto de llama”. 
En suma, el mundo minero es sumamente complejo, no admite una lectura parcializada ya que en él juegan aspectos religiosos, sociales, políticos que muchas veces son desconocidos por el Estado y que por tanto no puede aplicar políticas públicas efectivas destinadas a este sector. Adolfo Costa Du Rels a propósito de los mineros puso como título de su novela “Los andes no creen en dios” yo creo que tampoco creen en el Estado. 

domingo, 28 de agosto de 2016

EL ESTADO CON HUECOS (MINEROS)

Lo que debe quedar claro a propósito de la última movilización minera es que gobernar autoritariamente no es lo mismo que construir Estado. El gobierno del MAS lo creyó a fe ciega a partir de nacionalizar los hidrocarburos, limitar los poderes regionales y suprimir  a sus opositores. Empero, con lo ocurrido a raíz del bloqueo de caminos de los mineros cooperativistas, se dio de narices con la realidad: el estado no pudo durante tres largos días controlar la carretera troncal del país, ni pudo impedir que tres cooperativistas murieran victimas de arma letal, ni que el viceministro Rodolfo Illanes sea salvajemente torturado y asesinado la tarde el jueves 25 de agosto.  El estado que, según la definición de Max Weber es el monopolio legítimo de la violencia, perdió su capacidad dejando el país al borde del caos y la violencia.


Sin embargo, esta  no es una característica extraña en la configuración estatal en América Latina, Guillermo O´Donnell acuñó la figura de “estado con huecos” para denotar que la capacidad de estado no es uniforme a lo largo del territorio, que en muchos espacios como ser zonas urbanas, espacios rurales o incluso empresas, el estado no existe o tiene una capacidad muy limitada para imponer presencia y orden. La actual minería cooperativizada es un ejemplo casi perfecto de esta situación: en estos lugares el estado suspendió su capacidad de controlar la contaminación y destrucción del patrimonio histórico; no pudo aplicar la universalidad del pago de impuestos ni logró que se respete los derechos de los trabajadores.
Con todo, esta situación es el resultado de un proceso que empieza en 1984 con la puesta en marcha del modelo neoliberal cuyo decreto 21060 cierra la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL); que es profundizado por los gobiernos siguientes (MIR, MNR, AP) y que, paradójicamente, continúa con el gobierno nacionalista de Evo Morales desde 2006. 
Por ello, la capacidad de controlar una buena parte de la actividad minera se perdió de modo, quizá irremediable, cuando se cerró la Comibol dejando las minas a merced de la ambición cooperativista, quienes no dudaron en tomar el control de las maquinarias, bienes y parajes mineros de esta ex empresa estatal y pudieron resistir con éxito todo intento de control del Estado. Aún más, en base a acciones claves en el decurso de la política nacional entre 2000 y 2005 lograron ser vistos por el poder masista como constructores del denominado proceso de cambio. Por ejemplo el vicepresidente Álvaro García Linera el 21 de septiembre de 2006 (cuando los cooperativistas suspendían un bloqueo que había paralizado  el transporte entre LP, Oruro, Cochabamba y Potosí), dijo a nombre del gobierno que ratificaba “el pleno compromiso y reconocimiento con el trabajo y la lucha de los cooperativistas mineros, por su aporte económico, ideológico y organizativo en defensa de la patria y los sectores sociales excluidos”.


En este contexto de apoyo político de parte del MAS e impulsados por la subida de precios de los minerales, los cooperativistas crecieron numérica y económicamente: según los datos del Ministerio de minería el número de trabajadores que en 2006 era de 54.200 personas subió a 114.920 en 2013; de igual manera, las exportaciones de este sector que en 2009 llegaba a los 282 millones de dólares, en  2014  subió a los 542  millones de dólares. Un incremento que se debe a los buenos precios internacionales pero también a la reducción en los costos de producción por poco pago de impuestos y de concesiones mineras; y por la no asunción de costos por daño al medio ambiente.

De las acciones del gobierno respecto de la movilización minera se puede ver que su objetivo es retomar la autoridad gubernamental: ha reprimido duramente el bloqueo y ha sido implacable con los dirigentes cooperativistas, enjuiciándolos y llevándolos a la cárcel. Empero esto es algo que el estado lo hace en los espacios urbanos, donde existe institucionalidad estatal, hace falta saber si efectivamente esa autoridad la podrá llevar a los espacios de trabajo minero, a las minas, a los márgenes de este estado boliviano, donde la explotación, el daño al patrimonio y el medio ambiente siguen exhibiendo los huecos de un estado que, a pesar de los discursos, sigue tan débil como antes.

domingo, 5 de junio de 2016

ESTATIZACIÓN DE LA SOCIEDAD, ¿NUEVO OBJETIVO DEL MAS?

El MAS a lo largo de los últimos años impuso un credo, una máxima que consiste en que los culpables de todas las calamidades que le ocurren al país y al propio gobierno son los otros, los opositores, el imperialismo, nunca ellos. Eso, se diría, no es una novedad, a su modo Paz Estenssoro, Banzer y  Sánchez de Lozada  tuvieron como base de su razonamiento la lógica de amigo - enemigo. Evo no fue distinto. Para lograr ser el líder que es, Morales no vaciló en identificar al MNR, MIR y ADN como la encarnación de la antipatria; a los opositores de la media luna como separatistas y a la embajada norteamericana como los organizadores de los planes conspirativos.



Pero, desde el pasado referendo del 21 de febrero esta lógica ha tenido un curioso giro: para el MAS los opositores no están solo en la clase política, están en la sociedad; los enemigos no son políticos que dan discursos en las calles, sino personas que teclean un ordenador; no son los que diseñan una propuesta política, son los que elaboran memes; y no son los candidatos a elecciones sino los comunicadores sociales. ¿Ejemplos? : Evo Morales un día después del referendo del 21F dijo que “Las redes sociales, con las mentiras, hicieron daño. Estamos convencidos de eso”, y el Vicepresidente en clave sociológica dijo que las redes sociales de internet generaban efecto “simbólico, de caos de verdad, cada persona es una verdad”. Por su parte el ministro  JR. Quintana, en su larga alocución en el Legislativo, señaló que los medios de comunicación son los verdaderos opositores, de que existe un cártel de la mentira compuesto por periódicos, radios  y periodistas.

Quizá este proceso que ahora lo vemos con mayor claridad no sea más que el corolario de un proyecto de construcción estatal que se inicia con Morales como presidente. Se trata, en efecto, de un retorno del estado pero no solo en la economía a través de la nacionalización, sino en la sociedad.

Tres son los espacios de la sociedad que el Estado trata de controlar: las organizaciones sociales, la prensa y las redes sociales.

Respecto de las organizaciones sociales, forma de dominio ha sido colocar a los dirigentes en altos cargos del gobierno, en una relación no exenta de prebendalismo; en cambio los sindicatos que no comulgan con el gobierno son debilitadas y anuladas por el gobierno. En el primer grupo está la COB, las federaciones de cocaleros y las federaciones de campesinos y pueblos originarios y en el segundo grupo las organizaciones indígenas de tierras bajas y los movimientos cívicos.

En lo que se refiere a la prensa, el proceso de control ha consistido, por una parte, en crear medios de comunicación oficialistas y progubernamentales a los cuales se financia generosamente con recursos del Estado y, por otra, ahogar a los medios críticos e independientes por medio del cierre de la publicidad estatal.

El caso Zapata les ha dado mayores argumentos para controlar la sociedad: la denuncia no la hace un partido político o líder opositor, sino un comunicador social; no se expande y difumina en los pasillos del poder legislativo sino en las redes sociales y en los medios de comunicación; y no se resuelve aclarando el caso de fondo, del caso Zapata, que es el tráfico de influencias sino por medio de una juez de afirma que no hay pruebas de la existencia del hijo del presidente con Zapata.

Empero, la sociedad no ha cesado de expresarse y de reclamar, si ella no ha tenido cabida en la prensa ha encontrado en las redes sociales el canal ideal para opinar; si bien la prensa ha sido debilitada ella no ha dejado de poner en evidencia la corrupción en el gobierno y ser crítico con sus acciones; si algunas organizaciones de la sociedad civil han sido anuladas, algunos de ellos, como el comité cívico de Potosí ha dado batalla y plantea resistencia al poder.

Ante esto, el gobierno no ha tenido mejor idea que crear esquemas legales para controlar a la sociedad que resiste y reclama. Se ha señalado desde el poder ejecutivo que se prepara un proyecto de ley para reformar el código de imprenta y una ley para regular las redes sociales, dos instancias desde la que el poder ejecutivo cree se hace oposición. El gobierno desde 2006 trató de estatizar la economía hoy trata de hacerlo con la sociedad. 

lunes, 23 de noviembre de 2015

ELECCIONES EN ARGENTINA Y LA NECESIDAD DE REPENSAR EL ESTADO

El viernes pasado en la localidad de Huacalera, Jujuy-Argentina, el candidato opositor Mauricio Macri  -ataviado con una chalina que hacía recuerdo a las usadas por los bailarines del tinkuy en Bolivia- cerraba su campaña electoral con rogativas a la Pachamama y masticado de hojas de coca. Macri, quien según sus biógrafos, ingresó a la política contradiciendo las órdenes de su exigente padre (un empresario con intereses en telefonía móvil, construcciones y autos) terminaba así una larga campaña electoral donde había sido acusado, con razón y sin razón, de querer volver al pasado neoliberal, de buscar acuerdos con el FMI y de planificar un ajuste económico de duras connotaciones sociales. Macri rechazó todas estas sindicaciones, argumentando que lo que a la Argentina le urge hoy es más producción y menos cambios dramáticos, más instituciones y menos populismo, más cambio y menos continuismo. Uno de los hechos que señala la incomodidad y sorpresa de Macri ante esta campaña negativa es la pregunta que lanzó en el debate presidencial del domingo 15 de noviembre, dijo a su contendor Daniel Scioli: “¿en qué te has convertido o en qué te han convertido?”, para hacer alusión al hecho de que Scioli, conocido por espíritu conciliador, se había transformado en un portavoz del odio y de la denostación krichnerista.



           El día de ayer domingo 22 de noviembre, Macri ganó la segunda vuelta electoral, siendo electo como presidente de Argentina. Pese a que la diferencia con el segundo no fue la que esperaban los partidarios de Macri ni la que predijeron las encuestadoras, este resultado marca un cambio profundo de la composición de las elites políticas; transformación más notoria por cuanto el krichnerismo en el poder, se sentía invencible política y electoralmente.

¿Cuáles son los cambios que se pueden vislumbrar en el gobierno de Macri? A mi juicio el más notorio será en el plano internacional, Macri ha anunciado que pedirá la expulsión de Venezuela del Mercosur bajo el argumento de que el país caribeño no respeta los derechos humanos; también ha planteado una apertura comercial junto a una política de crecimiento empresarial que establezca acuerdos con países como Estados Unidos y Europa y, por último, ha prometido un estilo de gobernar que se anuncia será de menos ataque del adversario político y más de conciliación. En suma, lo que se viene con Macri es un alejamiento de la corriente de los países del giro a la izquierda como Venezuela, Ecuador y Bolivia y un acercamiento a países como Estados Unidos y Europa como imprescindibles socios comerciales y una gestión presidencial más abierta al pacto y la transparencia.

En el plano interno un aspecto clave será el diseño del rol del Estado.  Como se sabe, los regímenes de izquierda, pusieron como marca de gestión una revitalización del estado como ordenador de la economía y la sociedad. Tanto en Argentina, Ecuador, Venezuela y Bolivia, el estado retornó acompañado de una gran cantidad de dólares provenientes de la venta de recursos naturales que dotó a los gobernantes de una gran disponibilidad de recursos para impulsar la economía, desarrollar obras de infraestructura y ejecutar programas sociales. Empero, este retorno, no trajo institucionalidad democrática ni mayor autonomía estatal; en los hechos el estado fue capturado por grupos de poder que lo hicieron funcional a su proyecto de poder.



Es más, una amplia evidencia empírica señala que hoy el estado en América Latina adolece de los mismos problemas estructurales de las décadas anteriores al giro a la izquierda, que se reflejan en que el estado no llega a todos los espacios territoriales del país y que, cuando lo hace, no puede imponer orden y autoridad. Con mucha frecuencia, el estado es desafiado por redes de corrupción que tuercen la legalidad; no puede controlar las redes de delincuencia y de narcotráfico; y tiene que negociar con grupos de interés político y económico en desmedro de los intereses de la comunidad y del medio ambiente.


La naturaleza de estos problemas no son exclusivos de la Argentina, Bolivia en mayor o menor medida también los padece. Empero pensar en un cambio hacia el neoliberalismo es un error tanto como pensar que no se debe enmendar los yerros de los gobiernos de izquierda. Por ello, lo que haga Macri en los primeros meses de su gestión puede marcar algunos caminos y obstáculos para los nuevos desafíos que debe afrontar el estado en Bolivia.

lunes, 9 de noviembre de 2015

¿DEMOCRACIA DEL MIEDO?

Al parecer en América Latina vivimos un particular momento en la política, donde los gobernantes hacen esfuerzos por tratar de concentrar el poder mientras que la sociedad se empeña en abrirlo. Una etapa en que los líderes políticos buscan que las fidelidades partidarias sean monolíticas y de largo plazo cuando la gente tiene lealtades difusas y cambiantes que se expresan en votaciones distintas según cada espacio de poder, nacional o local; un estado que busca controlar, homogeneizar y sancionar a una  sociedad cuya característica, en cambio, parece ser la heterogeneidad, la liquidez como diría Bauman. ¿No es acaso una expresión de esto el esfuerzo del estado  por controlar los medios de comunicación cuando la sociedad, a través de las redes de internet, no solo que recibe información sino que la comenta y genera?


Ante esto el recurso del poder es apelar a que la masa actúe guiada por sus temores, por su incertidumbre. La fórmula es simple: se muestran las prestaciones sociales para la salud o la educación como creaciones del gobierno en el poder y luego se afirma que todo eso se perderá si gana el candidato de la oposición. Lo preocupante  de estas estrategias es su efectividad, así ganó la segunda vuelta para las elecciones presidenciales Dilma Roussef contra Aécio Neves en Brasil y es la apuesta de Cristina Kirchner para anular a Mauricio Macri  y volcar los votos a favor de Daniel Scioli en la segunda vuelta para las elecciones presidenciales en Argentina.

Es cierto, una de las características de la sociedad actual es la incertidumbre, pero ello entre sus causas está la ausencia de instituciones capaces de dotar al ciudadano de certeza en la igualdad de las reglas y  en la expectativa de un estado capaz de hacer cumplir las mismas. El miedo al futuro nace cuando desde el estado se construye un discurso que defiende que todo lo logrado como bienestar social no es producto del movimiento de la sociedad sino el resultado de las acciones de un líder o lidereza, mismos que, en su magnanimidad, deciden conducir a la sociedad hacia mejores días. Así el futuro solo puede ser posible si esos gobernantes permanecen en el poder.

Lo curioso es que este panorama se presenta en regímenes que tienen como discurso el fortalecimiento del estado y de sus instituciones y que, en realidad lo que hacen es concentrar el poder; se presenta en gobiernos que construyen un gobierno cada vez más vigilante y punitivo pero que no edifican un estado que garantice la justicia; aparece con un estado paternalista que decide, desde arriba, lo que quiere la gente pero que es sorda a sus demandas.

Esta apelación al miedo como estrategia política se presenta en gobiernos que han perdido capacidad de dar visiones de futuro que sean producto de la coherencia entre sus postulados y sus actos; en gobiernos que dicen luchar por naturaleza y a la vez buscan construir carreteras o explotar petróleo en parques ecológicos; que postulan combatir por la justicia social y promueven nuevas oligarquías, en fin, en regímenes que toman como bandera la lucha contra la corrupción y no encarcelan a los que la promueven.  Empero la situación política en Brasil y Argentina donde los movimientos ciudadanos protestan contra estos regímenes nos muestran que, en realidad, quien le teme al futuro es el poder y no la sociedad. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Carlos Mesa y el dilema de defender la nación y no el Estado




Desde el pasado martes 29 de septiembre el expresidente Carlos Mesa solo recibe elogios por su actuación en una entrevista en Televisión Nacional de Chile. No es para menos, en la misma vapuleó con datos y capacidad analítica a su entrevistador que, por más esfuerzos que hizo, no pudo encontrar la vía para debilitar los argumentos de Mesa. Eso era previsible, Mesa es un ducho comunicador fogueado en el debate de ideas y lo demostró en la entrevista.
Más allá de las dotes de comunicador y de historiador que todos reconocemos en Mesa, pienso que su popularidad se debe a que se mueve en un espacio discursivo y simbólico que automáticamente genera adhesión popular, por el simple hecho de que la reivindicación marítima es un asunto que nos identifica como nación boliviana.
Cuando Mesa aparece en la televisión defendiendo a Bolivia, echando en cara a los chilenos la verdad histórica sobre la usurpación marítima, eso nos interpela porque lo que dice Mesa no es solo su verdad sino nuestra verdad histórica, la de todos los bolivianos. Una verdad que comparte el rico y el pobre; el sabio y el ignorante, el camba y el colla, el masista y el opositor.
Aunque parezca raro, ese mismo sentimiento nace cuando juega la selección boliviana o, cuando el motociclista W. Nosiglia, al culminar el Dakar, exclama viva Bolivia. La causas pueden ser distintas y los motivos también, la clave está en que tanto Mesa, como el grupo de futbolistas y Nosiglia hablan, a su manera, en nombre de la comunidad política imaginada llamada Bolivia, en ese espacio donde todos nos reconocemos como iguales, de ahí su popularidad.
El problema aparece cuando Mesa sale de este cómodo ámbito de la nación, deja de hablar del mar cautivo y empieza a referirse a la política boliviana, esa que tanto nos preocupa y afecta al común de los mortales. Ahí los aplausos ya no son tan unánimes, su postura contraria a la rereelección de Morales lo confirma: el presidente del senado molesto puso a Mesa en las filas de la oposición (esa de Tuto y Samuel) y la siempre locuaz Ministra de Comunicación, utilizó un silogismo para desacreditar la postura de Mesa: todos los que están en contra de la reelección de Evo están contra la patria, Mesa lo está, ergo Mesa es un antipatriota.
Naturalmente que también los dilemas son para Carlos Mesa, son dilemas de una naturaleza ética. ¿hasta qué punto se puede estar con un gobierno que se salta la Constitución y modifica la misma a su antojo?, ¿hasta qué punto la defensa de la nación y del mar justifica estar con un gobierno que hace aquello hiere las convicciones políticas en las que uno cree?.¿Se puede defender solo la nación y no criticar abiertamente al estado?