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lunes, 1 de octubre de 2018

DESPUÉS DE LA HAYA


Como no podía ser de otra manera, un fracaso internacional como el producido en La Haya, tiene que afectar la política en Bolivia. El hecho de que la Corte Internacional de Justicia haya fallado en contra de la demanda boliviana, dejando a nuestro país más debilitado que nunca en su reclamo marítimo, no es cualquier cosa puesto que afecta a la sensibilidad de una nación para la que el mar es un tema vital.
El primer afectado por esta derrota es sin duda Evo Morales, no solo porque es la principal autoridad del país que liderizó todo el proceso, sino porque el mismo se encargó de hacer declaraciones desmesuradas sobre un fallo favorable, anunciando una y otra vez de que Bolivia estaba más cerca del mar que nunca.



Esta derrota no encuentra a Evo en el mejor de sus momentos políticos: con su legitimidad afectada a raíz del desconocimiento de un veredicto popular que le negó la cuarta repostulación; con un gobierno fuertemente dañado en su imagen a raíz de los escándalos en torno a la administración de la justicia; y con una gestión lastrada por la corrupción, ahora tiene que sopesar las innumerables acusaciones y recriminaciones que empezarán a salir una vez que Evo vuelva al país. La apuesta de Evo de ser el líder imprescindible de la aspiración marítima, el eje en torno al cual deberían girar los actores políticos para retornar al mar, se ha venido abajo de un manera tan contundente que marcará el resto de su gestión presidencial.
Por su parte, lo ocurrido en La Haya encuentra a Evo sin posibilidades de poder articular una respuesta en sus propias líneas argumentales. No puede acusar al imperialismo norteamericano de ser responsable del fallo, puesto que fue su gobierno el que por propia voluntad inició la demanda dando toda la potestad y legitimidad a la Corte Internacional de Justicia. En segundo lugar, no puede señalar del fracaso a los enemigos internos, a los que califica de vendepatrias, puesto que todos los actores de oposición han apoyado esta iniciativa, al punto que dos de ellos le acompañaron en su viaje a La Haya y, finalmente, no puede señalar falta de apoyo ni de los medios de comunicación ni menos de la población, puesto que éste fue unánime y militante.
Aparentemente la confianza en un fallo favorable fue tan grande que impidió al gobierno estructurar un “plan B”; es decir un conjunto de medidas y de iniciativas políticas posteriores al veredicto, que permitan asimilar mejor una determinación desfavorable en La Haya. Morales estaba tan convencido de que la determinación de la Corte Internacional cuando menos señalaría la obligatoriedad de Chile a negociar (aunque sin mencionar el asunto de la soberanía), que estructuró un plan solo considerando un escenario positivo y no uno negativo.
Ante esta carencia, el gobierno ya ha adelantado lo que probablemente será su respuesta en los días venideros: afirmar que nada está perdido y de que es posible generar escenarios favorables para el inicio de negociaciones con Chile, lo que sin duda es deseable y posible. El gran desafío para el gobierno radica en convencer a la población de que el MAS es el mejor indicado para hacerlo.

jueves, 8 de marzo de 2018

EL AZUL DEL MAR Y EL AZUL DEL MAS


Hasta antes de  que el tema del mar cubriera la agenda pública, el MAS había perdido por completo la iniciativa política. En el mes de enero el gobierno  tuvo que lidiar con las protestas generadas por los médicos en torno al nuevo código de procedimiento penal y, en febrero, hacer frente a la ola de defensa del voto del 21 F. En ambos casos, contra las cuerdas, el gobierno tuvo que resolver  temas de una agenda generada por otros actores, ajenos a su órbita política. Por ello, muy a pesar suyo, anuló la ley de código penal y tuvo que sacar a sus movimientos sociales a las calles para mostrar un poderío cada vez más débil en las calles.


En marzo el gobierno retomó la iniciativa con el asunto del mar y buscó sacar el mayor rédito político del tema. Por una parte promovió y obligó a las diferentes instituciones estatales a “coser” una bandera azul con el fin de desplegarla a lo largo de más de 100 kilómetros y, por otro, invitó a los  exmandatarios y políticos para que acompañen a Morales a la Haya, para estar presentes en la fase de alegatos.  Con la bandera azul se intentaba una extraña e improbable simbiosis entre MAR y MAS y, con lo segundo, se  buscaba colocar a Morales como un líder nacional en torno al cual gira la política boliviana.

Empero esta intención desde un principio estuvo pésimamente gestionada.  Por un lado, el MAS en su afán de capitalizar políticamente todo el proceso de demanda a Chile, cometió la grosería de pintar de azul a la bandera reivindicativa, arrinconando la tricolor boliviana y la multicolor wiphala y poniendo al desnudo su interés por generar un símil entre el azul del mar y el azul del MAS; y, en su afán de colocar a Morales como el gestor de todo el proceso, como el líder que logra la unidad nacional, procedió a invitar a que lo acompañen a la Haya a líderes que carecen de representatividad y que, al igual que el presidente, están esperando la mínima oportunidad política para ganar protagonismo. Esto es lo que hizo Jaime Paz al rechazar la invitación; y esto es lo que probablemente está haciendo Tuto Quiroga, demorado en evaluar si el rédito político es mayor si va o no a la Haya.

Si Morales esperaba que con el tema del MAR podía recuperar su popularidad perdida, cometió un error de proporciones. Los temas que están en la agenda pública son el respeto al 21F, la mejora de la justicia, la solución estructural al tema de la salud y la seguridad ciudadana; demandas donde el gobierno carece de propuestas y que lo estarán esperando apenas retorne de Holanda. Ahí verá que los records guinnes sirven para hacer un libro y asi pasar a la posteridad, pero que no son útiles para imaginar horizontes de futuro, que es lo que hoy el país está esperando.