jueves, 29 de octubre de 2015

Evo, Fidel y Coco Chanel

Al presidente Morales nos acostumbramos a verlo visitando lugares alejados de Bolivia, llegando a comunidades campesinas a entregar obras y jugar fútbol. Todos los días Evo acompañado de los camarógrafos de TVB llegaba a una población e iniciaba su rutina: entrega de obra, denostación del adversario político y fútbol. Por ello, nos pareció sorpresivo verlo nada menos que en Nueva York, en la meca del capitalismo mundial poniendo a Bolivia en vitrina, invitando, entusiasta, a que los capitalistas se animen a invertir en Bolivia.

Las razones para este cambio de destino en la andadura presidencial no son otras que la escasez de dólares en las arcas estatales. La necesidad tiene cara de hereje repiten los más experimentados y tienen razón: Bolivia necesita del ingreso de divisas de fuentes alternativas a las de los hidrocaburos y minerales.
No obstante, Morales no es original, sus pares de Cuba, los hermanos Castro, hace rato que ya tomaron ese camino, ellos también hacen esfuerzos porque los burgueses tornen sus individualistas y egoístas ojos hacia cuba y se animen a arriesgar sus capitales. Hasta el momento los Castro ya cosecharon algunos éxitos, lograron atraer a la casa de moda francesa Coco Chanel que en mayo de 2016 realizará un desfile de modas en La Habana. Sus modelos mostrarán ropas que no estarán al alcance del habitante medio de cuba, (con 30 dólares mensuales no alcanza ni para medio vestido) pero si para el turista que puede pagarlo.
Quien no parece haber entendido por donde van las cosas con el imperio parece ser Nicolás Maduro, el imitador de Chavez. Continúa con su lógica de acusar de todos los desastres al capitalismo y de enjuiciar y encarcelar a sus contendientes.
La interrogante es que, con todo, quizá Morales llega tarde, acude a los capitalistas extranjeros cuando la economía boliviana muestra cifras descendentes. Si tomamos en cuenta que el petróleo y la minería son los productos estrellas de Bolivia, es poco probable que los inversores se animen a invertir en este rubro cuando, justamente, los precios no invitan a la esperanza de grandes ganancias. Entonces donde invertirán? en la soya?, en los textiles?, en una fábrica de zapatos, no lo creo. En estos rubros lamentablemente Bolivia tiene pocas ventajas competitivas, y no por falta de personas dispuestas a trabajar, sino porque sencillamente estos sectores no fueron prioridades en la larga gestión de Morales. Por ello, si los capitalistas tornan su torva mirada hacia Bolivia será en los dos rubros antes mencionados y con ello habremos puesto santo y seña a nuestro destino de ser un país extractivista y poco diversificado. Alguien debería recordarle a Morales que entre 1995 y 2011 ingresó más de dos mil millones de dólares de inversión extranjera a las minas potosinas sin que la realidad económica de este departamento haya cambiado gran cosa.

domingo, 18 de octubre de 2015

Repostulación presidencial: ¿necesaria para el pueblo o útil para quien habla en su nombre?


Uno de los argumentos más utilizados por la militancia del MAS para justificar la elección indefinida de Morales es que ella será sometida a consulta del pueblo.  El argumento es incontrovertible, porque todos estamos de acuerdo en que la base de la democracia es el pueblo donde recae, al final, la soberanía del estado, esto es su capacidad de decidir libremente.

Sin embargo,  los problemas surgen cuando tratamos de saber lo que es pueblo. Por ejemplo, para los nacionalistas pueblo es el sujeto portador de una terminada identidad, es el conjunto de personas que llevan las características más claras del ser nacional, como las costumbres, la lengua y la historia. Para otros, el pueblo son los pobres, los desheredados, los subalternos, el grupo de individuos que necesita apoyo o que son víctimas de algún rico, de algún oligarca.

Estas definiciones no están exentas de ambigüedades ya que eso implica saber quiénes son los pobres, desheredados y explotados por los ricos. Pongamos un ejemplo: para el MAS el pueblo son los movimientos sociales, aquellos grupos corporativos que apoyan el proceso de cambio y que creen que Morales debe estar indefinidamente en el poder; en cambio, los habitantes del departamento de Potosí, los que hicieron la huelga de los 27 días, no son el pueblo como tampoco los son los indígenas de las tierras bajas, aquello que caminaron en defensa del TIPNIS.  Ambos sectores pueden tener los mismos rasgos de pobreza y de exclusión, sin embargo no por eso son conceptualizados como pueblo, para que ese término alcance dimensión objetiva y material hace falta que alguien lo haga. Esto ocurre porque la definición de quiénes son el pueblo está ligado de manera indisoluble a la lucha por el poder, ya lo decía Francois Furet en su libro Pensar la revolución francesa: “Puesto que el pueblo es el único que tiene el derecho de gobernar o que debe al menos, en caso de no poder hacerlo, volver a instituir permanentemente la autoridad pública, el poder está en manos de aquellos que hablan en su nombre”.

Para evitar estas complicaciones, es decir para que cada quien no tenga su propia certeza de lo que es el pueblo, se ha inventado las urnas, el voto, donde la idea llamada pueblo, se expresa y alcanza materialidad. En este caso, ya no es una persona o un líder mesiánico el que define lo que quiere el pueblo sino son las urnas, lo que suena más democrático. Sin embargo, ahí surge el dilema de todas las democracias representativas. ¿Cuándo y por qué se debe consultar al pueblo?,  para responder, partamos de que no se puede consultar de todo y para todo al pueblo, por un tema obvio de oportunidad y de recursos. Un estado no se puede dar el lujo de convocar a la ciudadanía a votar a cada momento, se tiene que priorizar los temas por los cuales se hace necesario convocar a la ciudadanía a las urnas.

¿Cómo llegamos a saber qué temas son prioritarios de ser consultados? Siguiendo la experiencia boliviana se puede decir que los bolivianos fuimos a las urnas para tres casos: a) definir o relegitimar la titularía del poder; b) para aprobar un nuevo ordenamiento jurídico ya sea constitucional o autonómico; y c) para aclarar algo que no está escrito en la Constitución o que no esté claro, como la consulta por el gas.

Soy de la opinión que el referendo por la reelección, a la cual iremos en febrero del año próximo, no se adecua a ninguno de estos casos: por una parte no se trata de un vacío constitucional, ya que la Constitución establece el tiempo y el número de veces que debe reelegirse al presidente y vicepresidente; no pasamos por un momento en que el poder esté vacante o que esté deslegitimado (el MAS y sus voceros permanentemente nos dicen que su popularidad siempre está en alzada) y, por último, no se trata de una consulta que complemente o aclare algo que no esté explícito en el ordenamiento jurídico del país.  

En suma, el argumento de que es el pueblo el que será consultado en febrero no define el debate en torno a la reelección. Hace falta saber si esta consulta es necesaria para el pueblo o solo útil para quien habla en su nombre.

lunes, 5 de octubre de 2015

Carlos Mesa y el dilema de defender la nación y no el Estado




Desde el pasado martes 29 de septiembre el expresidente Carlos Mesa solo recibe elogios por su actuación en una entrevista en Televisión Nacional de Chile. No es para menos, en la misma vapuleó con datos y capacidad analítica a su entrevistador que, por más esfuerzos que hizo, no pudo encontrar la vía para debilitar los argumentos de Mesa. Eso era previsible, Mesa es un ducho comunicador fogueado en el debate de ideas y lo demostró en la entrevista.
Más allá de las dotes de comunicador y de historiador que todos reconocemos en Mesa, pienso que su popularidad se debe a que se mueve en un espacio discursivo y simbólico que automáticamente genera adhesión popular, por el simple hecho de que la reivindicación marítima es un asunto que nos identifica como nación boliviana.
Cuando Mesa aparece en la televisión defendiendo a Bolivia, echando en cara a los chilenos la verdad histórica sobre la usurpación marítima, eso nos interpela porque lo que dice Mesa no es solo su verdad sino nuestra verdad histórica, la de todos los bolivianos. Una verdad que comparte el rico y el pobre; el sabio y el ignorante, el camba y el colla, el masista y el opositor.
Aunque parezca raro, ese mismo sentimiento nace cuando juega la selección boliviana o, cuando el motociclista W. Nosiglia, al culminar el Dakar, exclama viva Bolivia. La causas pueden ser distintas y los motivos también, la clave está en que tanto Mesa, como el grupo de futbolistas y Nosiglia hablan, a su manera, en nombre de la comunidad política imaginada llamada Bolivia, en ese espacio donde todos nos reconocemos como iguales, de ahí su popularidad.
El problema aparece cuando Mesa sale de este cómodo ámbito de la nación, deja de hablar del mar cautivo y empieza a referirse a la política boliviana, esa que tanto nos preocupa y afecta al común de los mortales. Ahí los aplausos ya no son tan unánimes, su postura contraria a la rereelección de Morales lo confirma: el presidente del senado molesto puso a Mesa en las filas de la oposición (esa de Tuto y Samuel) y la siempre locuaz Ministra de Comunicación, utilizó un silogismo para desacreditar la postura de Mesa: todos los que están en contra de la reelección de Evo están contra la patria, Mesa lo está, ergo Mesa es un antipatriota.
Naturalmente que también los dilemas son para Carlos Mesa, son dilemas de una naturaleza ética. ¿hasta qué punto se puede estar con un gobierno que se salta la Constitución y modifica la misma a su antojo?, ¿hasta qué punto la defensa de la nación y del mar justifica estar con un gobierno que hace aquello hiere las convicciones políticas en las que uno cree?.¿Se puede defender solo la nación y no criticar abiertamente al estado?